Qué es
Es una enfermedad en la que el hueso se vuelve más poroso aumentando el número de las cavidades o celdillas que existen en su interior. De esta manera los huesos del esqueleto se hacen más frágiles, resisten peor los golpes y se rompen (fracturan) con mayor facilidad.
Existe una definición de la OMS (Organización Mundial de la Salud) basada en la medición de la densidad mineral ósea con densitómetro, según los valores encontrados en relación a la media de la población adulta sana. Según esta definición se considera osteoporosis a un valor de densidad mineral ósea (DMO) inferior a -2,5 desviaciones estándar respecto del valor medio en población adulta sana. Cuando el valor se encuentra entre -1 y -2.5 desviaciones estándar por debajo de la media, se puede hablar de osteopenia.
Cómo se produce
La masa ósea es la cantidad de hueso (proteínas y sales de calcio) que presenta una persona en su esqueleto en un momento de su vida. Depende de la edad, sexo y raza.
Diferenciamos dos tipos de huesos, según su composicion:
- El hueso llamado compacto (parte central de los huesos largos como fémur o tibia) esta formado por una red de láminas concéntricas con un canal central por donde discurren los vasos sanguíneos que lo nutren.
- El hueso esponjoso se sitúa en los extremos de los huesos largos y en los huesos llamados planos o cortos (costillas y vértebras).
En el interior del hueso se desarrollan numerosos procesos metabólicos con alternancia en las fases de destrucción y formación en las que intervienen distintas hormonas, la actividad física, la dieta, los hábitos tóxicos y la vitamina D. El desequilibrio entre ambas fases con predominio de la destrucción sobre la formación, origina el desarrollo de osteoporosis. Esta pérdida comienza con el adelgazamiento de las trabéculas del hueso esponjoso y por la interrupción de las conexiones en la red que éste conforma. El hueso compacto se adelgaza y pierde su grosor. De esta manera, los dos tipos de hueso se hacen menos resistentes, captan y absorben y amortiguan poco los impactos y se rompen con mayor facilidad. En condiciones normales, una persona alcanza a los 30-35 años una cantidad máxima de masa ósea (pico de masa ósea). A partir de este momento comienza una pérdida natural que suele ser lenta y que dura el resto de la vida.
La mujer alcanza un pico de masa ósea inferior al del varón. Por otra parte la llegada de la menopausia supone el cese en la producción de hormonas sexuales femeninas por el ovario y una pérdida más acelerada y rápida de hueso que puede producir la osteoporosis postmenopaúsica en algunas mujeres.
La otra forma más frecuente de osteoporosis es la que se produce en los ancianos. Esta es la consecuencia del envejecimiento y de una alteración en el metabolismo de la vitamina D.
Existen otras causas menos frecuentes de esta enfermedad que se presentan como consecuencia de algunos tóxicos (alcohol y tabaco), medicamentos (cortisona y derivados) enfermedades endocrinas, enfermedades inflamatorias reumatológicas (artritis reumatoide), enfermedades de la sangre o del hígado.
Sintomatología
La osteoporosis es una enfermedad silenciosa. No da síntomas hasta que la pérdida de hueso es tan importante como para que aparezcan fracturas.
Las fracturas de un hueso osteoporótico se producen generalmente ante mínimos golpes o caídas o incluso de forma espontánea en los casos más graves.
En edades avanzadas puede observarse un cambio en la conformación corporal con pérdida de altura, aparición de "joroba", abombamiento del abdomen. Esta situación se desencadena por la repetición de fracturas de las vértebras con hundimiento progresivo de las mismas. A veces puede que no existan síntomas agudos.
Con la deformidad puede aparecer dolor en la columna debido al cambio en la conformación normal de la espalda.
Las fracturas más frecuentes se localizan en las vértebras y en la cadera. Las fracturas de cadera suelen aparecer alrededor de los 70 años y continúan siendo un acontecimiento grave de la vida.
Diagnóstico
La densitometría ósea permite medir la densidad ósea con una mínima exposición a radiaciones y realizar el diagnóstico de osteoporosis antes de que se hayan producido fracturas e identificando a las personas con mayor riesgo de que éstas puedan producirse. Es más sensible que la radiografía simple, teniendo en cuenta que para objetivar pérdida de masa ósea en una radiografía esta pérdida ha de ser ya igual o mayor al 50% del total.
Por otra parte la densitometría sirve para documentar el comportamiento y la respuesta al tratamiento preventivo.
En la osteoporosis primaria y en la senil no se suelen alterar los análisis de laboratorio. Los niveles de calcio en sangre (calcemia) y orina (calciuria), fósforo y proteínas suelen ser normales.
La determinación de la vitamina D, hormonas tiroideas o pruebas de funcionamiento renal o hepático se realizan ante la sospecha de una osteoporosis secundaria a otras alteraciones metabólicas.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es disminuir el número de fracturas debidas a la enfermedad. Se trata de conseguir un hueso fuerte y resistente evitando además su pérdida ulterior. En general, los pacientes con mayor riesgo de fractura son los que más se beneficiarán del tratamiento. Aunque el pico de masa ósea de cada persona tiene un componente genético muy importante, es necesario concienciar a la población joven, especialmente femenina, de que la ingesta en la adolescencia y la juventud de una adecuada cantidad de calcio, la práctica de ejercicio físico de forma regular y la supresión de hábitos tóxicos como alcohol y tabaco contribuyen en la obtención de una buena cantidad de masa ósea.
De Interés
La ingesta diaria de calcio es importante para el esqueleto, la contracción muscular, la actividad cardiaca y la coagulación. La cantidad correcta que se precisa al día es variable según la edad, sexo y riesgo de osteoporosis. Se estima que la cantidad diaria de calcio que debemos aportar al organismo es de 1000mg en los adultos y de 1200-1500 mg durante la adolescencia, embarazo, lactancia y menopausia.
La vitamina D es esencial para el desarrollo del esqueleto y para mantener el perfecto equilibrio del calcio y del hueso. Sus necesidades diarias se consiguen fundamentalmente por la formación de la misma a partir de la irradiación solar actuando sobre la piel. Los únicos alimentos naturales ricos en vitamina D son los aceites de hígado de pescado, los cuales no son utilizados de forma habitual en nuestra dieta. Los ancianos que salen poco a la calle, así como ciertas latitudes con días poco soleados tienen mayor riesgo de déficit de esta vitamina, requiriendo la administración de vitamina D en forma de medicamento a dosis fisiológicas de 400-800 UI/día.
Una vez aparecida la osteoporosis, el tratamiento ideal tendría como objetivo la recuperación de la cantidad de hueso perdido. Los tratamientos utilizados en la actualidad frenan la pérdida de hueso y a veces, en los primeros años, pueden conseguir pequeños incrementos de su densidad; entre ellos se encuentran los estrógenos, la calcitonina, los bifosfonatos (etidronato, alendronato y risedronato). El raloxifeno aparecido en los últimos años, es un modulador selectivo de los receptores estrogénicos, que mantienen los efectos beneficiosos de los estrógenos sobre el hueso y son antagonistas de los efectos adversos de éstos sobre la mama y el útero.
Se recomienda tratamiento farmacológico a todos los pacientes con fracturas por traumatismos de baja intensidad y en los pacientes sin historia de fractura previa pero con factores de riesgo y densitometría compatible con osteoporosis.
Cuando el colapso de una vértebra se produce de forma aguda, se acompaña de un intenso dolor mecánico de brusca aparición. En esta fase se recomienda iniciar un tratamiento precoz basado en el reposo y analgésicos potentes, e instaurar un programa de rehabilitación precoz con corsés para poder iniciar la movilización.
Medidas preventivas
Además de la ingesta adecuada de calcio y vitamina D, el ejercicio regular y el abandono de hábitos tóxicos, como el consumo de tabaco, alcohol y cafeína, son importantes las estrategias de prevención de caídas, incluyendo entre éstas el ajuste de la medicación, la eliminación de hábitos nocivos, un adecuado programa de ejercicio adaptada a la edad y características de la persona que favorezca la coordinación, potencia muscular y habilidad cuidando especialmente en los ancianos la iluminación de la vivienda, el calzado y los útiles domésticos.
Se han diseñado protectores externos para la cadera que actuarían amortiguando el impacto en caso de caída. Estos protectores son aún muy aparatosos, pero puede que en un futuro interfieran menos con la función de la articulación permitiendo su uso con mayor frecuencia.
Última actualización: del 2006
Eric J.García Lamberechts. Médico Residente Medicina Interna. H.C.San Carlos.Madrid