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Huesos, articulaciones y músculos

 

Espondilitis anquilosante

Qué es

El término espondilitis anquilosante deriva de 2 vocablos griegos SPONDYLOS que significa vértebra y ANKYLOS que se refiere a la soldadura y fusión que ocasionalmente se produce entre las vértebras como consecuencia final de de la inflamación, ITIS; por tanto la espondilitis anquilosante es una forma de inflamación crónica de las articulaciones de la columna vertebral, pelvis y tórax aunque también pueden afectarse otras articulaciones como caderas, hombros y rodillas. El resultado de la inflamación es una pérdida de la flexibilidad de la columna.


Cómo se produce

La causa de la espondilitis anquilosante es desconocida. Se conocen una serie de factores predisponentes como son la presencia del antígeno HLA-B27 que se transmite por herencia genética, la raza o una respuesta anormal a la acción de determinados gérmenes. Probablemente la conjunción de estos factores desencadene la enfermedad.

Sólo una minoría de las personas con el antígeno padecerá la enfermedad, aun teniendo familiares con espondilitis anquilosante.

La columna vertebral constituye el eje del tronco. De ella surgen la caja torácica (que es el estuche óseo que protege el corazón, los pulmones y grandes vasos) y las 4 extremidades. Esta formada por 24 vértebras que se dividen en 3 regiones (cervical, dorsal y lumbar) el sacro y el cóccix o rabadilla. El sacro se une al resto de la pelvis a través de unas articulaciones denominadas sacroiliacas. Dichas articulaciones presentan una afectación constante y característica en la espondilitis anquilosante. Desde estas articulaciones la inflamación asciende en sentido cervical con tendencia a la fusión entre los cuerpos vertebrales por medio de puentes óseos a lo largo de toda la columna, que adopta, en sus fases más evolucionadas, un contorno ondulado (columna salomónica o en caña de bambú) originando una limitación severa de la movilidad del tronco.

Existen un grupo de enfermedades con un comportamiento parecido que se denominan espondiloartropatías. Entre estas, están las asociadas a la enfermedad inflamatoria intestinal (Crohn y Colitis ulcerosa), psoriasis y artritis reactiva.


Sintomatología

La espondilitis anquilosante aparece en personas jóvenes, entre los 20 y 30 años con predominio en varones. En algunos casos puede comenzar en la infancia o adolescencia, pero es raro el comienzo antes de los 9 años o después de los 40.

El dolor vertebral se localiza en cualquier segmento, aunque la región lumbar es la más afectada. La lumbalgia presenta un comienzo mal definido y aparece después de periodos de reposo o de madrugada, despertando al paciente y obligándole a continuos cambios de postura o a levantarse de la cama. Es característica la sensación de rigidez por la mañana que desaparece con la actividad física a lo largo de la mañana. La lumbalgia no tiene relación con los esfuerzos y presenta alternancia de periodos sin dolor con otros de exacerbación. El dolor puede extenderse hacia las nalgas y parte posterior del muslo simulando una ciática.

En algunos pacientes la enfermedad comienza con la inflamación de una o varias articulaciones de las extremidades, generalmente inferiores (rodillas, tobillos o dedos de los pies), o con la inflación de los lugares de unión de tendones y ligamentos a los huesos (entesitis). Es frecuente la presencia de dolor torácico como consecuencia de la afectación de las articulaciones condroesternales, manubrioesternal o esternoclavicular.

La enfermedad evoluciona por brotes con periodos asintomáticos entre ellos. El curso clínico de la enfermedad es muy variable; la limitación y la deformidad vertebral aumentan en consonancia con el tiempo de evolución y es distinto de un paciente a otro. En la actualidad es rara la evolución hacia una anquilosis completa, ello es debido a que la rehabilitación y la gimnasia articular de la espalda realizada correcta y constantemente mantienen la capacidad funcional.

Frente al dolor inflamatorio hay otro lumbago de carácter mecánico que es de inicio brusco, bien localizado por el paciente en una determinada zona y que mejora con el reposo, empeorando con el esfuerzo físico. Este lumbago no tiene nada que ver con la espondilitis y se debe a malas posturas mantenidas de la espalda, alteraciones en el alineamiento de las vértebras (escoliosis), a un proceso de debilidad con o sin desequilibrio muscular o a una lesión específica (generalmente degenerativa) de la columna vertebral. El dolor vertebral en cualquiera de sus localizaciones se acompaña de una disminución global de toda la capacidad de movimiento de la zona afectada.

En algunas personas con espondilitis anquilosante se presentan síntomas en otros lugares distintos a las articulaciones entre ellos se encuentran episodios de inflamación en distintas estructuras del ojo dando lugar a lo que se denomina "ojo rojo". La inflamación se produce sobre todo en el iris y de forma ocasional en la conjuntiva. Los síntomas oculares pueden preceder en el tiempo a la inflamación de la columna vertebral. En algunos pacientes con enfermedad severa pueden producirse alteraciones a nivel valvular cardiaco y pulmonar. La inflamación y posterior rigidez de las articulaciones de la caja torácica provoca una disminución de la movilidad del tórax, que altera la capacidad para respirar.


Diagnóstico

El diagnóstico es clínico y radiológico. Es necesaria la presencia de síntomas axiales junto con la demostración de una sacroileitis radiológica, generalmente bilateral y simétrica. Es muy importante tener en cuenta que existen pacientes con signos o síntomas sospechosos de espondilitis, que no acabarán cumpliendo criterios de enfermedad hasta años después de iniciados los síntomas, de ahí la importancia de recoger de forma pormenorizada la forma de presentación y las características del dolor lumbar.

La presencia del antígeno HLA-B27 sirve como ayuda para corroborar el diagnóstico. La analítica es un pilar más para el seguimiento del fenómeno inflamatorio.


Tratamiento

En la actualidad no existe un tratamiento curativo. Los objetivo terapéuticos consisten en reducir el dolor y la rigidez articular, prevenir la anquilosis y deformidades y mantener al paciente con una buena capacidad funcional y calidad de vida. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINES) consiguen disminuir e incluso suprimir la inflamación articular, aliviando de esta forma el dolor y permitiendo un adecuado descanso nocturno. La sulfasalacina puede ser eficaz para algunos pacientes que no responden a los AINE. Actúa fundamentalmente en la artritis periférica. En estos casos las infiltraciones locales con glucocorticoides pueden ser útiles. La utilización de los nuevos fármacos dirigidos contra el factor de necrosis tumoral tienen indicación en nuestro país para pacientes con Espondilitis Anquilosante activa y resistente a la terapia convencional.

La fisioterapia debe individualizarse en cada caso según la situación sociolaboral del paciente y la gravedad de la enfermedad. La práctica de deportes que permitan la extensión de la espalda y que mantenga la movilidad de hombros y caderas es muy recomendable. En este sentido, la natación es el mejor ejercicio. Se desaconseja la práctica de deportes y ejercicios de contacto físico por la posibilidad de traumatismo articular y óseo, así como deportes que obliguen a la flexión continua de la espalda como el golf.

La cirugía sólo se indica cuando existe afectación a nivel de la cadera y el dolor y la limitación funcional sean manifiestos y no respondan a otras terapias.


Medidas preventivas

Mantener una postura correcta durante el trabajo y el reposo nocturno es fundamental para corregir en la medida de lo posible las alteraciones en la estática y en la dinámica de la columna vertebral. El colchón debe ser duro y la almohada no demasiado alta. No se recomienda el uso de corsés y fajas ya que favorecen la inmovilización de la musculatura de la espalda empeorando la sintomatología. Es fundamental la realización diaria de gimnasia para fortalecer la musculatura abdominal y espinal.

No son recomendables trabajos de carga y descarga, actividades agrícolas o ganaderas que sometan a una sobrecarga la columna vertebral. Evitar periodos prolongados sentado. Es conveniente levantarse y pasear cada cierto tiempo.


Última actualización: del 2006

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Eric J.García Lamberechts. Médico Residente Medicina Interna. H.C.San Carlos.Madrid
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médica Residente de Geriatría. H.C.San Carlos.Madrid.
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.