¿Qué es?
La prevalencia del estreñimiento es muy elevada en la población general, estimándose que el 30% de los mayores de 65 años lo padecen.
Podemos hablar de estreñimiento cuando existen dos o más de los siguientes criterios, durante al menos 12 semanas en el último año:
Dificultad para el paso de heces en al menos el 25% de las defecaciones.
Heces grumosas, caprinas o duras.
Sensación de evacuación incompleta.
Menos de tres deposiciones semanales.
Sensación de bloqueo anal.
Defecación prolongada.
Necesidad de descompresión manual del esfínter anal para facilitar la deposición.
¿Cómo se produce?
Su etiología es multifactorial, es decir, intervienen múltiples causas en su producción, que se pueden asociar y provocar este síntoma.
Entre los factores de riesgo del estreñimiento se encuentran la edad, el bajo consumo de fibra y agua, el sedentarismo, la existencia de enfermedades sistémicas como diabetes mellitus o el hipotiroidismo, padecer enfermedades neurológicas como demencias, enfermedad cerebrovascular o parkinson, presentar enfermedades psiquiátricas como depresión o bulimia, padecer alteraciones intestinales estructurales como cáncer de colon, adherencias intestinales, hernias, hemorroides, fisuras anales o divertículos, presentar alteraciones intestinales funcionales como el síndrome de colon irritable, usar fármacos como benzodiacepinas, opiáceos, antiinflamatorios, suplementos de hierro o calcio, diuréticos, etc...
En general, se pueden diferenciar tres categorías de estreñimiento:
Estreñimiento funcional: el más frecuente. En este tipo existe un tránsito intestinal y un número de deposiciones normales, pero el paciente refiere estar estreñido debido a una dificultad percibida para evacuar o para expulsar heces duras. Además los pacientes también refieren una sensación de disconfort o de hinchazón abdominal. Esta categoría suele estar asociada a la inmovilidad, al estrés psicosocial.
Trastorno defecatorio o del vaciado rectal: Se debe a una disfunción del suelo pélvico o esfínter anal. Existe una incoordinación entre la musculatura rectoanal y pélvica durante la defecación. Es el resultado de padecer fisuras anales o hemorroides, dado que se intenta inhibir el estímulo defecatorio debido al dolor que las anteriores patologías producen al defecar. Menos frecuentemente es secundario a alteraciones estructurales.
Trastorno por tránsito intestinal lento: Este tipo es más frecuente en mujeres jóvenes, pudiendo presentar menos de una deposición a la semana. Una de sus posibles causas es el descenso en el número de neuronas del plexo mientérico (sistema de conducción nerviosa abdominal).
Sintomatología
El paciente refiere un descenso en el número de deposiciones, pudiendo pasar incluso varios días sin defecar. Además las heces serán compactas, duras, de pequeño tamaño, asociadas a malestar o dolor anal en su expulsión.
Normalmente acompañando a lo anterior, el paciente puede referir sensación de evacuación incompleta, y malestar abdominal por la ausencia de defecación. Especial atención tendrán posibles síntomas como expulsión de moco o sangre junto a las heces, o cambio en sus características organolépticas.
Es importante precisar las características del ritmo intestinal en el tiempo. Así hay pacientes que siempre han presentado los síntomas anteriores, mientras que otros han sufrido un cambio en su ritmo habitual en los últimos meses. Son a éstos últimos a los que habrá que hacer un estudio diagnóstico más completo dado que a veces puede encontrarse un proceso neoplásico de base.
Las posibles complicaciones que se pueden presentar secundarias al estreñimiento son: incontinencia fecal (secundaria a la impactación anal de heces), la obstrucción intestinal, el prolapso rectal, las úlceras rectales, retenciones de orina por compresión de la vejiga, ansiedad, e incluso sincopes vasovagales secundarios al esfuerzo defecatorio.
Diagnóstico
El estreñimiento es casi siempre un síntoma que deberá ser estudiado, y que supone un alto número de consultas médicas y hospitalización.
La historia clínica siempre tiene que tener como objetivo detectar posibles causas secundarias que estén motivando este síntoma. Se hará una historia médica general, que se completará con la identificación de las características de las heces, de la consistencia de las mismas, del ritmo intestinal, del grado de esfuerzo y duración del acto defecatorio. También se preguntará si la evacuación se asocia a fuerte dolor o sangrado.
En cuanto a la exploración física, el examen general deberá hacer especial hincapié en la zona abdominal, en busca de masas o alteraciones en el tono muscular del abdomen. Debe completarse la exploración con un tacto rectal y la inspección perineal, que nos informará sobre el tono del esfínter anal, las características de las heces, la existencia de impactación fecal (fecaloma) o posibles masas rectales, así como de la presencia de fisuras, hemorroides, etc....
Las pruebas complementarias, dirigidas para profundizar en aquellos casos de estreñimiento sospechoso, son:
Un hemograma y bioquímica completa, que incluya electrolitos, creatinina, glucosa, hormonas tiroideas, urea,...
Una radiografía de abdomen.
Enema de bario, cuando se sospecha enfermedad neoplásica.
Búsqueda de sangre oculta en heces.
Rectosigmoidoscopia/ colonoscopia, en la que se podrá visualizar interiormente el intestino.
Manometría anorrectal, expulsión de balón, defecografía: pruebas indicadas en determinados casos de estreñimiento, en los que los pacientes tienen síntomas refractarios al tratamiento sin encontrar una causa corregible.
Tratamiento
Su abordaje debe ser desde dos puntos de vista: el tratamiento no farmacológico y el farmacológico.
En cuanto al no farmacológico, las recomendaciones para su control y prevención son expuesta en el punto medidas preventivas.
El objetivo de todas estas medidas anteriores es conseguir una defecación más confortable y unas heces más blandas, evitando así esfuerzos al evacuar.
Si no hay respuesta a estas medidas conservadoras, o la defecación continua muy dolorosa, o existen alteraciones de la motilidad, puede que ya sea necesario plantearse añadir un tratamiento farmacológico (laxantes, procinéticos, supositorios de glicerol, enemas). No obstante, no hay que olvidar que estos fármacos tienen muchos efectos secundarios, como dolor abdominal, nauseas, vómitos, flatulencia, disminución en la absorción de vitaminas liposolubles, y en ocasiones pueden incluso provocar el efecto contrario, diarrea e incontinencia anal. Por ello, es recomendable que el médico haga una revisión periódica de la necesidad de prescripción de laxantes, para evitar un consumo crónico y prolongado.
Algunos de los nombres de los laxantes empleados en la práctica clínica son: lactulosa, lactitol y plantagoovata.
Medidas preventivas
Algunas de estas medidas son:
Evitar la inmovilidad y el sedentarismo con la realización de ejercicio físico regularmente (caminar, bailar, natación)
Intentar conseguir una regularidad en el hábito defecatorio, es decir, una misma hora a la que ir al baño.
Aumentar el consumo de fibra en la dieta a 25-30 gramos diarios, con una mayor ingesta de salvado, trigo, fruta, verduras... Escoger verduras y piezas de frutas enteras, mejor que en zumos, dado que en la piel es donde se encuentra la mayoría de la fibra.
Beber mas de 8 vasos de agua al día, es decir, aproximadamente más de 2 litros.
Tomar 2-3 veces a la semana legumbres, así como sustituir algún alimento por la variante integral que también va a ayudar a combatir el estreñimiento. Cocinar y aliñar con aceite de oliva contribuye a una mejor evacuación intestinal.
El médico también deberá hacer una revisión de los fármacos, intentando retirar aquellos que estén favoreciendo el estreñimiento
Última actualización: del 2006
Eric J.García Lamberechts. Médico Residente Medicina Interna. H.C.San Carlos.Madrid