¿Qué es?
La Gripe es la denominación referida a la enfermedad respiratoria aguda causada por los virus gripales. Supone una enfermedad altamente importante en cuanto a su trascendencia en salud pública, ya que los virus involucrados tienen una gran variabilidad genética resultante de la enorme capacidad para mutar (cambiar) su genoma. Se trata de una infección que implica una alta morbilidad (secuelas), derivada de su gran capacidad de difusión y contagio, así como las secuelas sobre la mortalidad que conlleva, especialmente en pacientes con factores de riesgo. Esto supone, por lo tanto, unas consecuencias sociales y económicas directas e indirectas nada despreciables.
La gripe se presenta en forma de brotes epidémicos más o menos intensos, habitualmente todos los años y durante los meses fríos. Las epidemias progresan en la población a través de los grupos familiares y en las instituciones cerradas (guarderías, colegios, residencias de ancianos, cuarteles) pudiendo afectar a la mayoría de las personas. Los virus gripales presentan una gran capacidad para sufrir dos tipos de variaciones en unas sustancias que forman parte de la envuelta más superficial del virus, y que están involucradas en la capacidad de infección (Los antígenos superficiales), los cuales son especialmente trascendentes desde el punto de vista epidemiológico.
Recientemente existe un tipo de infección por un virus de la gripe que afecta a las aves, con capacidad para infectar al ser humano, y que amenaza con convertirse en una pandemia (epidemia a nivel mundial). Hace años el virus de la Gripe aviar empezó a afectar a los cerdos donde se mezcló con los virus de la gripe porcina, generando un virus mutante con capacidad para infectar al ser humano. El primer caso de infección de humanos por este virus se dió en Hong Kong en 1997, sin embargo, el virus a conseguido diseminarse a través de las aves al resto de Asia, y a la región oriental de Europa. Ese tipo de virus además ha conseguido infectar a un centenar de personas, dejando a su paso una gran letalidad. Por ello existe hoy día una gran preocupación ante la posibilidad de que la gripe aviar se convierta en una pandemia devastadora, especialmente si se combina con la gripe humana lo que le añadiría a la letalidad del virus una capacidad infectiva en humanos mayor.
¿Cómo se produce?
El causante de la gripe es un virus incluido en la familia Orthomyxoviridae con escasa resistencia en el medio ambiente (salvo la gripe aviar que parece presentar mayor resistencia) y eliminación por las secreciones respiratorias. Se diferencian a su vez en 3 tipos principalmente: el virus Influenza tipo A, tipo B y el tipo C.
El virus llega al tracto respiratorio por vía aérea, donde el virus se fija a la superficie de las células respiratorias, desde donde difunde a las regiones cercanas produciendo una inflamación de la pared del aparato respiratorio. El virus se replica en las células respiratorias liberándose nuevos virus en mayores cantidades, lo que se traduce en una gran cantidad de virus en las secreciones respiratorias, causantes de la rápida diseminación y contagiosidad del virus. Las personas infectadas son contagiosas desde las primeras 24 horas del comienzo de los síntomas hasta 3-4 días después.
En el caso de la Gripe aviar, los granjeros y aquellas personas que trabajan con aves pueden contraer el virus, incluso aquellos que viajan a zonas con epidemia. En general la transmisión de la gripe aviar se desarrolla mediante la manipulación de las aves, incluso simplemente tras tocar objetos contaminados. La alimentación mediante aves en caso de estar bien cocinadas no tienen porque ser transmisoras, aunque en los alimentos mal cocinados o crudos puede existir riesgo de contagio. Los familiares que hayan tenido contacto con un paciente con gripe aviar tienen mayor riesgo de desarrollarla.
Sintomatología
Los síntomas de la gripe se engloban en lo que se denomina como el Síndrome gripal. Éste es el cuadro más típico y frecuente de la gripe no complicada. Consiste en los primeros días un espectro de síntomas que engloban desde fiebre (más importante en niños), dolor de cabeza, malestar general, pérdida de apetito, cansancio, dolores musculares y de las articulaciones, congestión y secreciones nasales, molestias en la garganta, tos seca, sudoración, y en ocasiones náuseas, vómitos o diarrea.
En general el cuadro suele ser transitorio y dura unos 5-10 días, sin embargo hay que prestar mucha atención a las posibles complicaciones derivadas de la infección , las cuales suelen acontecer con mayor frecuencia en individuos con factores de riesgo. Estos factores incluyen: la infección en personas de edad avanzada o niños, embarazadas, inmunodeprimidos, pacientes con enfermedades crónicas ya sean pulmonares (Enfermedad obstructiva crónica, asma, fibrosis quística...), cardiacas, o diabéticos. Estas complicaciones pueden incluir aquellas de origen:
1. Respiratorio: bronquitis aguda, Neumonía vírica, Neumonía por sobreinfección bacteriana, y en niños traqueobronquitis, bronquiolitis y otitis media.
2. Cardiacas: arritmias, insuficiencia cardiaca.
3. Neurológicas: Encefalopatía, Síndrome de Guillain-Barré.
4. Síndrome de Reye en niños, que incluye una encefalopatía y degeneración hepática grasa por infección viral frecuentemente asociada al uso de Aspirina en niños.
En el caso de infección por el virus de la gripe aviar puede darse una neumonía severa que ocasione una insuficiencia respiratoria y un cuadro de sepsis grave con fallo multiorgánico, que puede llevar a la muerte.
Diagnóstico
El diagnóstico suele ser fácil con un correcto interrogatorio de los síntomas, y haciendo hincapié en los aspectos epidemiológicos como posibles contactos con otros infectados, o personas de la familia o el trabajo afectados. La exploración física suele ser anodina, en ocasiones la fiebre, y los ruidos respiratorios en la auscultación nos permiten sospecharlo.
Así el diagnóstico clínico de la gripe aunque suele ser fácil no es seguro al ciento por ciento. No obstante lo más importante para el médico debe ser la identificación precoz de las posibles complicaciones que puedan requerir de tratamiento específico y que por su gravedad precisen de ingreso hospitalario.
El diagnóstico virológico preciso sólo está indicado en casos graves, con complicaciones y en grupos de riesgo. Este diagnóstico consiste en la obtención de secreciones respiratorias y cultivo virológico, así como determinación de antígenos por complejos sistemas microbiológicos y de ingeniería genética. La determinación de anticuerpos en el organismo específicos para el virus puede servirnos de ayuda, pero su valor es mucho más limitado.
El análisis de sangre no suele mostrar alteraciones, en ocasiones puede haber una aumento de glóbulos blancos y de la Velocidad de Sedimentación globular. Las pruebas de imagen en la mayoría de los casos no son necesarias, sin embargo en casos de complicaciones, por ejemplo por neumonía, puede ayudar la radiografía de tórax.
Tratamiento
En la mayoría de los casos la gripe no es complicada, con lo que solo requiere medidas generales basadas en reposo y tratamiento de los síntomas mediante la ingesta de abundante líquido y el uso de paracetamol, o antiiflamatorios. Se debe evitar el uso de aspirina en niños por el riesgo de desarrollar el Síndrome de Reye. El tratamiento con antibióticos se desaconseja salvo en casos de pacientes con altos factores de riesgo y en caso de que se sospeche sobreinfección bacteriana.
En casos graves, como la neumonía vírica, y en sujetos con importantes factores de riesgo, así como en los casos de gripe aviar pueden usarse antivirales. No obstante su uso no está muy extendido dado que la inmensa mayoría de los casos carecen de complicaciones. Los antivirales más importantes incluyen la amantadina y rimantadina, activos frente al virus Influenza tipo A exclusivamente, y los inhibidores de la neuraminidasa zanamivir y oseltamivir, más modernos y activos frente a los virus influenza A y B. Tienen la capacidad de reducir el cuadro en al menos 1 día y pueden administrarse por vía intranasal, en aerosol o en comprimidos. Estos últimos son los que se pueden emplear en el caso de la gripe aviar mientras que la amantadina o rimantadina no son activos frente a esta cepa de virus. No obstante se están estudiando nuevos fármacos antigripales.
En casos muy graves puede ser necesario el ingreso en una unidad de cuidados intensivos (UCI) requiriendo incluso fármacos potentes que mantengan las constantes vitales y el uso de la ventilación mecánica.
En general el pronóstico suele ser bueno en la inmensa mayoría de los casos, los cuales se limitan a 7-8 días de convalecencia sin ninguna secuela posterior. No obstante, en pacientes de riesgo, y, especialmente en el caso de la gripe aviar, la tasa de mortalidad puede ser bastante alta (hasta un 50% en el caso de la gripe aviar). Por ello lo más importante es la prevención mediante la vacunación de la gripe humana.
Medidas preventivas
Este es uno de los aspectos más importantes de esta enfermedad. La gran capacidad de mutación del virus confiere una resistencia más o menos acusada a los anticuerpos creados contra formas del virus más antiguas. Esto se traduce en la necesidad de desarrollar vacunas cada año que sirvan para generar anticuerpos frente a las principales variantes que se han seleccionado in Vitro.
En general se recomienda la vacunación anual a aquellas personas que presenten un riesgo elevado de padecer complicaciones, o que puedan trasmitir la gripe a personas de alto riesgo. En general se incluyen a los mayores de 50 años, niños de 6 a 23 meses, embarazadas a partir del tercer trimestre de embarazo, personal sanitario y aquellos que trabajen en centros al servicio de la comunidad como bomberos, y policías, así como aquellos pacientes con las enfermedades crónicas ya mencionadas. La vacuna puede dar algunas complicaciones consideradas como leves como pueden ser una reacción en la zona de punción, una reacción alérgica general (no se aconseja a aquellas personas alérgicas al huevo), o algunos síntomas parecidos a la gripe pero más suaves.
La respuesta inmunitaria protectora tras la vacunación se sitúa entre el 70-90% de los vacunados. Y se ha demostrado en mayores de 60 años una disminución del desarrollo de síntomas gripales en un 50%. Además con la revacunación anual se reduce significativamente el riesgo de sufrir la gripe. En la población activa que han considerado vacunarse, se ha demostrado una disminución del padecimiento de la infección en un 25%, y del absentismo laboral así como del número de consultas médicas por esta afección en un 43% y 44% respectivamente.
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Última actualización: del 2006
Eric J.García Lamberechts. Médico Residente Medicina Interna. H.C.San Carlos.Madrid