Es el hábito de apretar y/o rechinar los dientes. Es una parafunción, es decir, una actividad que se realiza pero que no tiene un objetivo fisiológico, más bien al contrario puede tener consecuencias negativas.
Es relativamente frecuente encontrar a personas bruxistas o bruxómanos, incluso hay individuos no bruxistas que presentan bruxismo en períodos de estrés o por una alteración de la oclusión. Pero parece que hay un importante componente genético para explicar la causa del bruxismo. Es interesante mencionar que algunas investigaciones concluyen que debe considerarse el bruxismo como resultado de un trastorno del sistema nervioso central.
Veamos dos clasificaciones del bruxismo:
El bruxismo puede considerarse una sobrecarga para el sistema masticatorio, pues éste está preparado para un grado de función normal pero no para la existencia de parafunciones. Por lo tanto, un bruxismo mantenido suele tener una serie de consecuencias, bien a nivel dentario, periodontal o del complejo temporomandibular. La afectación de uno u otro elemento depende del grado de susceptibilidad de cada individuo, bien por genética o por la situación concreta en la que se encuentren estos tejidos.
En los dientes se producirán facetas de desgaste, signo inequívoco de bruxismo cuando la persona es joven y no ha tenido posibilidad de desgastar aún mucho los dientes de manera fisiológica. Si el periodonto no está en buen estado o hay una oclusión traumática de algún diente, será el tejido periodontal el más afectado: Se agravará la enfermedad periodontal, y pueden llegar a perderse dientes. También es posible que sea la articulación temporomandibular o los músculos masticatorios los más afectados por la parafunción, e incluso derivar en cefaleas o en dolor de oídos.
Última actualización: del 2006
Dr. Juan Pedro Moreno Fuxá