La carga genética, la presencia de alteraciones emocionales y psicológicas,
como la depresión, ansiedad, deficiencia de autoestima o el estrés, el consumo
de ciertos medicamentos, como psicotrópicos o esteroides y el padecimiento de
ciertas enfermedades como el síndrome del ovario poliquístico y el
hipotiroidismo, son factores que pueden desempeñar un papel importante en el
aumento de peso y conducir a la aparición de obesidad.
Sin embargo, el aumento en la incidencia del sobrepeso y la obesidad se debe,
principalmente, al desequilibrio entre la ingesta y el gasto de calorías
experimentado en los últimos años:
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La ingesta energética ha aumentado como consecuencia de la modificación de la
dieta que se ha producido a nivel mundial. De este modo, se ha producido un
aumento del consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares, pero con escasas
vitaminas y minerales, y una disminución del consumo de alimentos ricos en
hidratos de carbono, como son los cereales y las verduras.
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La disminución del gasto energético se ha producido como resultado del cambio
de patrones de conducta, que han derivado hacia estilos de vida más
sedentarios. Algunas causas de este cambio han sido la vida en las ciudades,
las nuevas tecnologías, el ocio pasivo y el mayor acceso a los transportes,
que han disminuido la necesidad del ejercicio físico en las actividades de la
vida diaria.