Las consecuencias ocasionadas por las caídas se pueden dividir en tres categorías:
Subdivididas a su vez en:
Inmediatas: heridas, hematomas, lesiones o contusiones, a distintos niveles corporales, traumatismos craneoencefálicos, neumotórax, fracturas de cadera
A largo plazo: restricción de la movilidad y actividades de la vida diaria (60%), dolor, contracturas, rigidez y atrofia muscular, úlceras por presión, estreñimiento, etc...
Secundarias de permanecer en el suelo un tiempo prolongado: hipotermia, deshidratación, rabdomiólisis (destrucción muscular secundaria a estancia prolongada en el suelo)
Se estima que una de cada diez caídas da lugar a consecuencias médicas severas. Los principales factores de riesgo de morbilidad severa tras una caída son:
Las secuelas que desde un punto de vista psicológico puede llevar consigo una caída, suelen ser agrupadas bajo el epígrafe de "síndrome poscaída". Este consiste en la perdida de autonomía como consecuencia del incidente. El paciente presentará miedo a caer de nuevo, depresión, ansiedad, pérdida de autoconfianza, disminución en el grado de actividad habitual, etc... Estas consecuencia psicológicas se dan con más frecuencia y afectan sobre todo a:
Las caídas son una causa importante de institucionalización, ya que producen dependencia funcional y perdida de autonomía a largo plazo. También suponen un coste elevado a los servicios sanitarios, pues demandan un importante gasto económico: hospitalización inicial, tratamiento quirúrgicos y ortopédicos, necesidad de cuidados por familiares o cuidadores, rehabilitación.... Con el tiempo, contribuye a disminuir el número de relaciones sociales del paciente, favoreciendo el aislamiento social, así como la presencia de cambios en los hábitos de vida del anciano.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.