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Lesiones en la piel por radiaciones solares

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¿Qué son las radiaciones solares?

El sol irradia energía en forma de radiaciones solares de diferentes tipos. Entre ellos destacan los rayos ultravioleta, siendo las más perjudiciales para la piel, las incluidas en las bandas de longitud de onda A (UVA) y B (UVB). Afortunadamente, en las capas más altas de la atmósfera terrestre (la estratosfera), son filtradas las longitudes de onda solares más perjudiciales. En esta capa predomina una molécula formada por la unión de tres átomos de oxígeno (O3). Esta molécula se conoce con el nombre de ozono y forma una capa que es capaz de filtrar los rayos ultravioleta más nocivos, evitando su paso hasta la superficie de la tierra.

En las últimas décadas la cantidad de radiación ultravioleta (UV) que llega a la superficie de la Tierra es cada vez mayor, especialmente en las latitudes del norte. Esto es debido a que las distintas sustancias químicas, como los compuestos clorofluorocarbonados (CFCs) presentes en aerosoles, y los distintos humos emitidos a la atmósfera, destruyen el ozono más rápidamente de lo que éste se regenera. Esto origina una atmósfera más delgada y que presenta algunos orificios por los que no se filtra las radiaciones solares perjudiciales, es lo conocido como el 'agujero de la capa de ozono'.

Las características y la cantidad de radiación UV varían según la estación, el clima y la localización geográfica. Debido a la inclinación con que los rayos solares atraviesan la atmósfera a las distintas horas del día en las zonas templadas, la exposición al sol resulta menos perjudicial antes de las 11 de la mañana y después de las 4 de la tarde. Por otra parte, en los últimos años se ha producido un espectacular incremento de la incidencia del cáncer de piel, y en especial del melanoma maligno, hecho que ha determinado un mayor interés por la protección frente a las radiaciones solares. 


La piel y las radiaciones solares

La piel protege nuestro cuerpo de los rayos solares. Para ello posee unas células denominadas melanocitos productoras de un pigmento llamado melanina. Este pigmento se incrementa tras la exposición cutánea al sol, y es la responsable de dar color a la piel. Esta sustancia tiene efecto protector de forma natural, dado que absorbe la energía de los rayos ultravioleta y evita que estos penetren más profundamente en los tejidos. Las personas con piel oscura tienen más melanina, por lo que son más resistentes a los efectos nocivos del sol, como quemaduras, envejecimiento cutáneo prematuro y cáncer de piel.

En la exposición aguda solar, la capa más superficial de la piel se torna roja y puede destruirse elementos que la conforman apareciendo ampollas y vesículas. En una exposición crónica a las radiaciones solares se produce una alteración en el desarrollo normal de la dermis, con degeneración y cambios en los tejidos, que traen consigo una pérdida de elasticidad de la piel. La exposición a radiaciones UVA, de forma crónica, hace que la piel tome un aspecto arrugado y con profundos surcos, típico de trabajadores del campo y marinos. La trasformación en cáncer de la piel se considera un efecto crónico, y se debe a que la luz ultravioleta produce alteraciones cromosómicas que puede hacer trasformar el tejido, de lesión crónica solar a cáncer cutáneo.

Consecuencias del efecto de las radiaciones solares sobre la piel

Se han descrito múltiples patologías como consecuencia de la exposición de la piel a las radiaciones solares. Entre ellas se incluyen las quemaduras solares, las cuales se producen por una sobreexposición a los rayos ultravioleta B (UVB) de la luz solar. Aunque depende de muchos aspectos como la cantidad de melanina de la piel y del tiempo de exposición sol, la piel tomara distintas manifestaciones clínicas. Primeramente se vuelve roja, inflamada y dolorida entre una hora y un día después de la exposición. Posteriormente, se pueden formar ampollas y vesículas, y la piel se descama. La exposición prolongada y excesiva a la radiación ultravioleta acelera el proceso de fotoenvejecimiento con la presentación de arrugas, atrofia y sequedad cutánea, aparición de zonas pigmentadas de forma irregular, etc.... La rapidez del proceso viene condicionada no sólo por la exposición directa al sol sino también por los tipos cutáneos solares y por la dosis acumulada de radiación UVA.

Existen también reacciones de fotosensibilidad, que consisten en enrojecimiento, descamación, urticaria, ampollas y formación de placas en la piel. Estas reacciones pueden ser inducidas por sustancias químicas o fármacos. También pueden deberse a jabones, perfumes, o por sustancias que se encuentran en ciertas plantas como el césped y el perejil.

El principal factor de riesgo relacionado con la aparición del cáncer de piel son las radiaciones solares, sobre todo la ultravioleta B. Aparecen sobre todo en las personas de piel blanca y ojos claros que se broncean con dificultad. Las lesiones se localizan en las zonas corporales expuestas al sol, como es el caso de la cara, cuello y las manos. Existen dos subtipos: Carcinoma basocelular (70-80% de los cánceres de piel) y el Carcinoma espinocelular (20%). Por otra parte, el melanoma, aunque menos frecuente, tiene especial importancia por su alta mortalidad, por lo que su diagnóstico precoz es fundamental para conseguir su curación. Su aparición se relaciona con la exposición puntual e intermitente al sol y se localiza preferentemente en zonas no expuestas al sol de forma habitual, como es el caso de la espalda y las piernas.

Otras afecciones de la piel incluyen la Queratosis actínica o queratosis solar. Ésta supone un tipo de lesión precancerosa de la piel producida por la exposición crónica al sol. Entre un 10-20% de los casos se transforman en un carcinoma espinocelular. Además existen otras fotodermatosis de causa desconocida que engloban lesiones como : Erupción polimorfa lumínica, Urticaria solar, Prúrigo actínico, Hydroa estival o vacciniforme, Fotodermatosis primaveral juvenil.

Prevención de las lesiones cutáneas debidas a radiaciones solares

El mejor modo de evitar el daño que puede causar el sol es permanecer alejado de su radiación directa. Las prendas de vestir y las gafas de cristal repelen prácticamente todos los rayos nocivos. 

La protección frente a la radiación ultravioleta puede lograrse mediante el uso de cremas que absorban la luz ultravioleta. Antes de una exposición a la luz solar intensa y directa, una persona debería aplicarse un filtro solar o crema con sustancias químicas que protegen la piel al repeler los rayos UVA y UVB. Un tipo común y eficaz de filtro solar contiene ácido para-aminobenzoico (PABA). Otros tipos de filtros solares contiene una sustancia química llamada benzofenona. Muchos protectores solares contienen tanto PABA como benzofenona u otros productos químicos; estas combinaciones proporcionan protección frente a un amplio espectro de rayos UV.

En general, los filtros solares se clasifican en grados según su número de factor de protección solar (FPS): cuanto mayor es el número de FPS, mayor es la protección. Los filtros solares con un factor de protección mayor o igual a 15 bloquean la mayor parte de la radiación UV, pero ningún filtro transparente impide el acceso a todos los rayos UV.

CyC

Última actualización: del 2006

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