El ombligo es la cicatriz que queda tras el desprendimiento del cordón umbilical en la línea media del abdomen. El cordón umbilical es la estructura por la cual avanzan dos arterias y una vena que conectan la placenta con la circulación fetal, es decir, que es parte fundamental en la nutrición del bebé. Además en el interior del cordón umbilical encontramos un conducto llamado onfalomesentérico, que comunica con el tubo digestivo, y la alantoides rudimentaria, en conexión con el sistema urinario. Todas estas estructuras contenidas dentro del cordón (arterias, vena, conducto onfalomesentérico y alantoides) se encuentran rodeadas por una sustancia viscosa, la gelatina de Warthon.
El cordón umbilical se suele desprender en los primeros 15 días de vida, principalmente en los 7 a 10 primeros días. Hablamos de retraso de su caída cuando transcurre más de un mes sin que tenga lugar, en estos casos se estudiará qué circunstancias patológicas provocan esto. Una vez desprendido el cordón, los vasos que quedan en el extremo del niño se irán cerrando y transformándose en ligamentos. Hasta ese momento, permanecen permeables y constituyen una posible puerta de entrada a infecciones. De ahí la necesidad de una adecuada higiene de la zona en el recién nacido. Basta con el baño diario y su inspección y eventual limpieza en cada cambio de pañal. Resulta esencial el correcto secado del cordón para impedir que la humedad lo convierta en un medio de cultivo ideal para los microorganismos. No son necesarias las aplicaciones de alcohol o desinfectantes, ni se debe cubrir el área con una gasa.
El conducto onfalomesentérico y la alantoides también han de desaparecer. Su persistencia puede dar lugar a diferentes patologías que se describen en el siguiente epígrafe.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.