Morir en el domicilio atendido por los familiares no es lo más frecuente, aunque este sea casi siempre el deseo de los pacientes ancianos cuando se les pregunta. Como objetivo principal en el cuidado del paciente terminal, se debería tener esto último, ya que es frecuente que este deseo no sea respetado en las últimas fases de la vida. La mayoría de los ancianos fallecen en los hospitales o en residencias, lo que refleja de forma indirecta la mala atención a este tipo de pacientes.
Los principios y conductas en los que se basa los cuidados paliativos son:
Las formas de ayudar al anciano y su familia a mejorar la calidad de la vida al final de ésta, son:
No existirá un control óptimo de los síntomas si no existe una buena comunicación con el paciente y la familia. Las estrategias para asegurar una comunicación fluida con los ancianos y sus allegados incluyen:
El bienestar incluye conceptos como el control del dolor, control de los síntomas, liberación del miedo excesivo y control de la ansiedad. La valoración de los síntomas en los individuos ancianos puede resultar complicada debido al deterioro cognitivo y a las dificultades de comunicación. Muchos ancianos se muestran reacios a expresar sus síntomas porque no quieren ser considerados como pacientes que se quejan, o porque no quieren ser unas molestias para sus familiares.
En cuanto al manejo del dolor, éste siempre debe ser correctamente tratado ya que puede abocar a depresión, disminución de la socialización, dependencia social, alteraciones de la movilidad, alteraciones funcionales y trastornos del sueño. Es el síntoma que más sufrimiento causa a pacientes y familiares. Los conceptos básicos para el manejo del dolor en los cuidados del fin de la vida podemos resumirlos en:
Otros síntomas, también presentes en pacientes terminales, y que deberían ser correctamente tratados son:
El estreñimiento, recomendándose conseguir deposición al menos cada 2-3 días, las náuseas y vómitos, la falta de apetito o anorexia, la cual debe ser tratada cuando el paciente mantiene cierta capacidad funcional y/o presenta gran preocupación por el síntoma. La sequedad de boca, la cual disminuye con la ingesta frecuente de líquidos, toma de fruta, limón, caramelos ácidos, chicles sin azúcar. El contenido ácido en la cavidad bucal es un estímulo para la secreción de saliva. La dificultad respiratoria o sensación de ahogo. La tos o el aumento de secreciones, llegando incluso a su aspiración mediante aparatos.
En cuanto a la dimensión psicológica del paciente, se debe asegurar el bienestar en la última etapa de la vida. Estos cuidados incluye esclarecer los temores y ansiedades de los ancianos que están cercanos a la muerte, respetar sus necesidades y prioridades, etc... Hay que buscar siempre la oportunidad de hablar sobre sentimientos, temores, preocupaciones existenciales, etc.... Debe prestarse atención y tratar los posibles síntomas depresivos, de ansiedad, de insomnio y los cuadros confusionales agudos asociados.
También es muy importante el apoyo social. Habrá que tener siempre presente un planteamiento de cuidados al alta, una continuidad de cuidados en el hogar. Para ello, en ocasiones, es necesaria la intervención de los servicios sociales y sanitarios.
Actualmente, el cuidado principal de los pacientes con enfermedades en estadios muy avanzados, es aportado por la familia, sobre todo esposas e hijas. Estos, en general, no están preparados para los cuidados que necesitan los ancianos al final de sus vidas. Se ha detectado una mayor frecuencia de depresiones entre los cuidadores de ancianos, con respecto al resto de la población general. Por ello, es también importante cuidar al cuidador de pacientes con estas características.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.