En la actualidad proliferan multitud de dietas, sin ninguna base científica, que tienen en común la reducción drástica de la ingesta energética, encaminadas a la pérdida rápida de peso. Aunque cualquiera de estas dietas, incluidas las más desequilibradas, pueden dar buenos resultados a corto plazo en la pérdida de peso, no son las más adecuadas desde el punto de vista nutricional y sanitario ya que pueden producir deficiencias importantes en vitaminas y minerales. Además, son difíciles de mantener a largo plazo y se suelen producir recuperaciones rápidas del peso perdido.
De forma contraria, el seguimiento de dietas moderadamente hipocalóricas (con un déficit calórico de alrededor de un 20% sobre la ingesta habitual) y equilibradas, es decir, aquellas en las que entre un 55-60% de la energía procede de los hidratos de carbono (cereales, legumbres, verduras y hortalizas y frutas), un 30-35% de la grasa y el resto de las proteínas (lácteos y derivados, carne, pescados y huevos), son las más beneficiosas en la pérdida de peso, ya que permiten cubrir las ingestas recomendadas de gran parte de los nutrientes.
A pesar de la creencia generalizada que existe de que el consumo de hidratos de carbono se relaciona con un aumento de peso y de que los cereales deben ser restringidos en las dietas de adelgazamiento, en numerosos estudios se ha comprobado que las dietas que contienen una cantidad de hidratos de carbono próxima a la recomendada (55-60% de la energía total ingerida), además de favorecer la pérdida de peso, ayudan a mejorar el estatus en ciertas vitaminas y minerales.
Entre estos estudios se encuentra el realizado por Ortega y colaboradores, en el año 2005, en el que participaron 67 mujeres jóvenes entre 20 y 35 años e IMC comprendido entre 24 y 35 Kg./m2. A las participantes se les asignó 2 tipos de dietas en las que se aumentó el consumo de hidratos de carbono (bien con aumento en el consumo de cereales, fundamentalmente cereales de desayuno: dieta C, o bien con aumento en el consumo de verduras y hortalizas: dieta V). En este estudio se observó, después de que las mujeres siguieran las dietas durante 6 semanas, una pérdida de peso en ambos grupos, aunque fue superior en la dieta C.
Además, con la dieta rica en cereales se observó un aumento en la ingesta y en los niveles sanguíneos de tiamina y con ambas dietas se produjo un aumento de la ingesta de fólico, aunque sus niveles sanguíneos sólo mejoraron con la pauta C.
Debido a que resulta difícil saber el tipo y la cantidad de alimentos que hay que consumir con el fin de realizar una dieta equilibrada que permita la pérdida de peso, existen recomendaciones sobre el número y el tamaño de las raciones diarias que hay que consumir para conseguir este objetivo
Por otra parte, también existen algunas pautas generales que podrían ser de ayuda en este tipo de dietas, como son:
Última actualización: del 2008
Elena Rodríguez-Rodríguez.