Durante varias décadas el debate sobre la dieta y la enfermedad cardiovascular ha estado dominado por la hipótesis clásica del efecto adverso de la grasa saturada y el colesterol dietético y el efecto beneficioso de la ingesta de grasa poliinsaturada. Ahora se sabe que la relación dieta-enfermedad cardiovascular es mucho más compleja de lo que previamente se había reconocido. Actualmente, los ácidos grasos monoinsaturados (AGM), algunas vitaminas (vitamina E, ácido fólico, etc.) y otros antioxidantes, presentes en algunos alimentos como las frutas y hortalizas, y determinadas bebidas alcohólicas, como el vino (cuando este se toma de forma moderada) están emergiendo como factores protectores potencialmente útiles.
Los factores alimentarios influyen tanto en las concentraciones de lipoproteínas sanguíneas como en la oxidación lipídica y trombogénesis. Así mismo, pueden contribuir al sobrepeso, obesidad, intolerancia a la glucosa e hipertensión, con el consiguiente aumento de riesgo cardiovascular. Por otro lado, debido a la evidente existencia de asociaciones entre estos aspectos de la dieta con el cáncer y otras enfermedades distintas a la cardiovascular, las recomendaciones dietéticas deberían estar basadas en el impacto global sobre la salud.
Última actualización: del 2008
Dr. José Miguel Perea Sánchez