Se denomina Gerontología a la ciencia que se encarga de estudiar el proceso de envejecimiento en todos sus aspectos. Abarca desde el campo de la investigación, pasando por la parte clínica, hasta estudios relativos a aspectos socioeconómicos o sobre la jubilación. El término fue utilizado por primera vez por Metchnikoff en 1901, en su libro "La naturaleza del hombre: estudios de una filosofía optimista". Pero no será hasta mediados de este siglo, cuando se comiencen con los primeros estudios gerontológicos, realizados primeramente por EE.UU, y desarrollados también unos años más tarde en Europa. En España, al igual que en los países europeos, esta labor investigadora avanza en paralelo a la estadounidense, aunque con algo más de retraso, menos intensidad y con una orientación más clínica.
La Geriatría se define como la rama de la medicina que estudia los aspectos clínicos, preventivos, terapéuticos y sociales del paciente anciano, incluyendo también en su desarrollo los objetivos de recuperación de su función y de su reinserción en la comunidad. Incluye aspectos relativos a otras disciplinas clínicas y constituye una parte de la gerontología. La primera vez que se utilizó este terminó fue en 1909 por I. L Nascher, refiriéndolo a aquella parte de la medicina relacionada con las enfermedades de las personas ancianas. Invitaba a una medicina específica, distinta de la tradicional, para la mejor atención de los pacientes ancianos. Pero esto no va a llegar hasta finales de los años treinta, que será cuando podemos hablar del nacimiento de la especialidad propiamente dicha. Fue la Dra. Majorie Warren, en el Hospital West Middlesex de Londres, quien demostró que la asistencia específica a determinados ancianos mejoraba notablemente la morbilidad, la mortalidad y la incapacidad de muchos de ellos. Defendió que la intervención en las primeras fases de las enfermedades crónicas de los pacientes ancianos, reducía la evolución de éstas hacia situaciones de incapacidad. Fue a partir de entonces, en los años cuarenta, cuando se establecen las bases doctrinales de la medicina geriátrica, ofreciendo los hospitales europeos plazas dedicadas a esta especialidad, sobre todo en Inglaterra.
En España también se comienza a defender sus beneficios, creándose en 1948 la Sociedad Española de Geriatría, y siendo fundado unos años más tarde el primer Servicio de Geriatría en España, en el Hospital de la Cruz Roja de Madrid, por Alberto Salgado Alba. Este último será el impulsor del reconocimiento de la Geriatría como especialidad médica oficial, hecho que se consigue en 1978, cuando se incluyen plazas para formarse como geriatra según el sistema MIR.
En la especialidad médica de Geriatría, un principio máximo a tener en cuenta es que envejecer no es lo mismo que enfermar, si bien, habitualmente, la vejez se acompaña de un mayor número de padecimientos. En el camino hacia el envejecimiento se han producido cambios muy importantes a todos los niveles: morfológicos, fisiológicos, funcionales, psicológicos y también sociales. Cambios que tienen una repercusión directa en la valoración de los síntomas y los signos físicos, y que no se manifiestan de la misma forma ni por las mismas causas que en el adulto joven. En la fisiopatología de sus enfermedades, en la actitud diagnóstica y en las decisiones terapéuticas farmacológicas y no farmacológicas también vamos a encontrar diferencias con respecto a otras especialidades médicas. El geriatra no es exactamente el internista del paciente anciano. Aunque asuma ese papel, añade a la visión del internista un conocimiento de los cambios que el proceso de envejecer ha introducido en el individuo, un mayor conocimiento en el manejo específico diagnóstico y terapéutico de los problemas clínicos que plantea el anciano y, tal vez lo más importante, una visión más integral de éste, dado que también contempla aspectos sociales, de capacidad y de comportamiento. Para el medico geriatra va a ser tan importante la enfermedad como la parte funcional y de recuperación del paciente.
Por otra parte, no está totalmente claro la edad a partir de la cual cabe hablar de paciente geriátrico. De hecho, el factor edad no es el único que nos marca que un paciente sea geriátrico. También deben tenerse en cuenta factores como la presencia de pluripatología, plurifarmacia, problemas sociales o de comportamiento, o la necesidad de programas de recuperación física, psicológica o social. Todos estos hechos deben ser tomados en consideración a la hora de hablar de "paciente geriátrico". En la práctica, no más del 10-15% de la población que supera los 65 años puede ser considerada como tal en sentido estricto, con proporciones tanto más altas cuanto mayor es la edad del colectivo analizado. Después de los 85 años, la mayoría de las personas cuando sufren un proceso agudo intercurrente suelen cumplir criterios de paciente geriátrico y deben ser evaluados como tal.
En resumen, y de forma muy general, podemos decir que los pacientes que cumplan más de dos o tres de los siguientes criterios, pueden ser considerados como paciente geriátrico:
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.