La adolescencia es la etapa de transición entre la infancia y la edad adulta en que se produce el crecimiento y maduración finales del organismo y la adquisición de la capacidad reproductiva, lo que supone importantes cambios físicos y psicológicos para el niño. Las necesidades energéticas de esta fase son superiores a las de cualquier otra y, como siempre, deben individualizarse en función del grado de actividad física desarrollada, el sexo y el nivel de maduración puberal alcanzado en cada caso. Las recomendaciones nutricionales en adolescentes se basan en la conjunción de datos obtenidos para niños y adultos, ya que existen pocos estudios que traten exclusivamente sobre la alimentación del adolescente. Las siguientes son pautas generales para la nutrición del adolescente.
Las calorías diarias aconsejadas en esta etapa de la vida se calculan, igual que en fases anteriores, teniendo en cuenta el gasto calórico que suponen el crecimiento y el acúmulo de nutrientes, el metabolismo basal, la actividad física y la termogénesis (producción de calor) inducida por la dieta.
En niños entre los 11 y los 14 años se recomiendan 2500 kilocalorías/día y en niñas entre estas mismas edades lo aconsejable son unas 2200 kilocalorías/día. Entre los 15 y los 18 años se indican unas 3000 kilocalorías/día en niños y 2200 kilocalorías/día en niñas.
Tan importante como la cantidad de energía que se consume es cómo se distribuye ésta a lo largo del día y entre los distintos grupos alimentarios. Lo idóneo es realizar unas 4 comidas al día: desayuno, que supondrá el 25% de la ingesta diaria, comida, representará el 30% del aporte total, merienda, que aportará el 15% y cena, que será el 30% restante. En cuanto a la distribución calórica entre los diferentes grupos alimentarios se asume como lo más adecuado un aporte del 50 al 60% de hidratos de carbono (de los que el 90% serán en forma de azúcares complejos, como la patata o los cereales), del 10-15% de proteínas (un 65% de ellas de origen animal) y del 30-35% de grasas (con un 10% de grasas saturadas, como la carne o los embutidos, con un 15% de monoinsaturadas, como el aceite de oliva virgen o los cacahuetes, y con un 10% de poliinsaturadas, como el pescado).
Las recomendaciones diarias de proteínas en adolescentes entre los 11 y los 14 años son de 1 gramo/kg de peso/día en niños y niñas. Entre los 15 y los 18 años estas recomendaciones pasan a ser de 0,9 gramos/kg de peso/día en niños y de 0,8 gramos/kg de peso/día en niñas. Generalmente la ingesta proteica real es superior a estas recomendaciones; no se debe sobrepasar el doble de estas cifras recomendadas.
Se recomienda que un 55 a 60% del aporte energético diario sea en forma de hidratos de carbono, fundamentalmente de los complejos (patata, legumbres, cereales). Los azúcares simples (azúcar, caramelos) deben constituir sólo un 10-12% del total de hidratos de carbono a ingerir en un día. Podemos calcular el aporte de fibra diario sumando 5 a la edad del niño (ej: un niño de 14 años debe recibir 19 gramos de fibra al día).
Constituyen una fuente esencial de energía, aportan ácidos grasos esenciales y permiten la absorción de vitaminas liposolubles. Como ya se ha comentado deben suponer el 30% de la totalidad de calorías diarias a ingerir. La cifra máxima de colesterol aceptada es de 300miligramos/día.
Con relativa frecuencia el adolescente presenta déficit de algunos minerales, concretamente, de hierro, calcio y zinc.
Las necesidades de hierro aumentan debido al incremento, propio de esta etapa, de sustancias y estructuras orgánicas que se componen de este mineral como la hemoglobina (proteína de los glóbulos rojos transportadora de oxígeno), la mioglobina ( proteína muscular con gran afinidad por el oxígeno) y determinadas enzimas (sustancias que intervienen en reacciones químicas del organismo). Además las niñas que comienzan con la menstruación tienen pérdidas sobreañadidas de sangre cada mes (pierden hemoglobina, es decir, pierden hierro).
El calcio es imprescindible para la adecuada osificación del esqueleto y así prevenir la osteoporosis en la edad adulta.
El zinc interviene en procesos enzimáticos muy importantes para el crecimiento, la maduración y la reparación de tejidos. Esta presente en grandes cantidades en los alimentos de origen animal, no así en los vegetales, lo que deben tener en cuenta los vegetarianos, principalmente los que no comen ni huevos, ni leche.
Se ven incrementadas las necesidades de gran número de vitaminas. Las vitaminas del gupo B: tiamina, riboflavina y niacina por intervenir en el metabolismo de los hidratos de carbono son esenciales para el crecimento y la B12, la B6 y el ácido fólico son necesarias para la formación del ADN (contiene el material genético celular) y para el metabolismo de las proteínas. También se requiere más vitamina D para un adecuado crecimiento óseo y más vitaminas C, A y E para que las células permanezcan bien estructural y funcionalmente.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.