El aparato respiratorio de un feto a los 7 meses de gestación cuenta con todas las estructuras necesarias para iniciar la respiración en caso de un parto prematuro:
La vía aérea posee todas sus ramificaciones (tráquea, bronquios y bronquiolos)
Se han formado los alvéolos (especie de sacos al final de los bronquiolos, donde tiene lugar el intercambio gaseoso)
Existe suficiente número de vasos sanguíneos (necesarios para el intercambio de gases) y linfáticos (permiten el drenaje de líquido para que no se "encharque" el tejido pulmonar)
Han surgido unas células especiales, los neumocitos, que sintetizan una sustancia llamada surfactante (esta sustancia impedirá que los alvéolos se colapsen en la espiración). La cantidad de surfactante, que llena el interior de los pulmones junto con la de otros líquidos, se incrementa en las últimas semanas de vida.
Tras el nacimiento, el recién nacido debe deshacerse del líquido que empapa sus pulmones y así facilitar la entrada de aire en ellos. Dicho líquido desaparece al pasar, en gran parte, a los vasos sanguíneos y linfáticos pulmonares y, en menor parte, a la tráquea y, de ahí, a la boca, desde donde puede salir al exterior o ser deglutido y llegar al estómago. En los partos por cesárea no se comprime el tórax del feto como ocurre en los partos vaginales, compresión que facilita el drenaje del líquido pulmonar.
La primera respiración supone introducir aire en unos pulmones vacíos de gas, lo que requiere unas presiones de apertura enormes, aunque algo menores gracias al surfactante. Además el surfactante, única sustancia del líquido pulmonar que persiste tras el vaciado de los pulmones, garantiza que los alvéolos no se colapsen en la espiración (es decir, que no se cierren al salir el aire fuera de los pulmones en cada respiración).
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.