La punción aspiración con aguja fina (PAAF) es una técnica sencilla y útil para obtener tejidos del organismo, y realizar posteriormente su análisis anatomopatológico. Con un control radiológico adecuado y una aguja fina es posible así obtener muestras de tejido para un análisis microscópico, sin necesidad de cirugía.
Es útil para la obtención de tejido de múltiples órganos, como son ganglios, mamas, nódulos tiroideos, próstata, nódulos torácicos o de abdomen, etc... Permite discernir con rapidez y precisión entre procesos inflamatorios, quísticos y tumorales benignos y malignos, aunque siempre los hallazgos se deben valorar de forma individualizada para cada paciente.
El tipo de anestesia utilizada para obtener muestras de cada uno de los órganos anteriores, dependerá de cada caso, desde anestesia general a local.
La prueba consiste en pinchar con una aguja especial muy fina a través de la piel el tejido a analizar. Guiada por distintos métodos radiológicos, ya sea ecografía, TAC, mamografía, radiología simple, comprobamos que la punta de la aguja se sitúa en la lesión a analizar. A continuación se aspira con una jeringa para obtener material para el posterior análisis anatomopatológico y diagnóstico.
En ocasiones, puede ser necesario repetir el procedimiento más de una vez, ya que a veces no se consigue material suficiente para el diagnóstico citológico.
Las punciones de lesiones superficiales pueden resultar algo molestas, aunque en general ni siquiera requieren de anestesia local. En lesiones profundas, se administra anestesia local previamente a la punción.
El tejido a pinchar se limpia con una solución antiséptica para matar las bacterias. Se deben emplear materiales estériles y desechables para su realización, así como guantes estériles.
La duración aproximada de la prueba es de 20-30 minutos.
Se realiza esta prueba en aquellos pacientes, en los que en el transcurso de un estudio médico, se obtienen mediante otras pruebas diagnósticas (ecografía, radiología, tomografía axial computerizada, resonancia magnética) algún tipo de lesión o alteración que precise ser examinada al microscopio.
Con dicho análisis se pretende evaluar el tipo, morfología y características de las células examinadas, y poder llegar al diagnóstico de dichas lesiones. Permite discernir entre procesos tumorales benignos o malignos, si se trata de un proceso inflamatorio, etc...
Así cuando está indicada en el tórax permite evaluar las características de determinadas lesiones observadas mediante otras pruebas (por ejemplo nódulos), y poder diagnosticar posibles tumores.
En el abdomen permite obtener muestras de los distintos órganos o vísceras abdominales, y describir también las características de las lesiones a estos niveles.
Igualmente ocurre cuando se recoge muestras de nódulos tiroideos o mamarios, pues permitirá diferenciar entre células de origen infamatorio u origen tumoral.
Cuando la PAAF está indicada para obtener muestras de tejido prostático permitirá determinar las características de los nódulos palpables mediante tacto rectal, y descartar así que se trate de un cáncer prostático.
Aquellos pacientes con prótesis valvulares cardiacas pueden recibir profilaxis antibiótica previo a la realizar de esta prueba.
También es posible que previo a la realización de esta técnica el paciente debe suspender algunos medicamentos del tipo de anticoagulantes, antiinflamatorios y antiagregantes, para impedir sangrados importantes durante el procedimiento.
Se utiliza anestesia general, o local según el tejido a extraer, y en el caso último se emplea analgésicos previamente para minimizar las molestias derivadas de la técnica.
Tras la realización de la prueba el paciente debe permanecer en ayunas y en reposo con compresión sobre la zona de punción si es posible, durante unas cuatro horas, para disminuir el riesgo de sangrado.
Existe un pequeño riesgo de sangrado, que es directamente proporcional al calibre de aguja usado y que también depende de la zona a puncionar.
Al pinchar una lesión situada en el tórax hay que atravesar unas cubiertas que rodean al pulmón (pleura) pudiendo entrar aire entre ellas, y crear un neumotórax. Otras complicaciones que pueden surgir tras puncionar el tórax son expulsión de pequeña cantidad de sangre con la tos, hematomas, infecciones, o introducción de aire en una vena o arteria de la zona, lo cual ocasiona un cuadro llamado embolia gaseosa.
En los casos en los que se puncione el abdomen se puede producir también hemorragias, infección e incluso embolias gaseosas.
Esta prueba está contraindicada en aquellos pacientes con problemas en la coagulación y en aquellos con alergia a alguno de los medicamentos empleados para la anestesia.
Última actualización: del 2006
Eric J.García Lamberechts. Médico Residente Medicina Interna. H.C.San Carlos.Madrid