La radiografía consiste en la administración de rayos X sobre una zona del organismo para el estudio de los órganos que se encuentran en su interior. Se basa en las propiedades de los rayos X y en su capacidad para atravesar ciertas sustancias del organismo y la imposibilidad de atravesar otras, hecho que queda reflejado en una placa fotográfica.
Supone una de las pruebas diagnósticas más útiles y por lo tanto más usadas, considerada como de bajo riesgo y con un indudable beneficio que se desprende de la gran información que aporta.
Las radiografías se obtienen provocando que un haz de rayos X atraviese la zona del organismo deseada, e incida después sobre una placa fotográfica.
Los rayos X son una radiación electromagnética con una longitud de onda mucho menor que la de la luz que tienen la propiedad de atravesar la materia y de impresionar una emulsión fotográfica. Según la densidad del objeto con el que interaccionen los rayos X podrán atravesar el material del objeto e incidir sobre la placa fotográfica marcándose en negro, o bien ser rechazados, en cuyo caso quedará una sombra que adquiere una imagen en blanco en la placa fotográfica. Así pues se obtiene una imagen en blanco y negro y todo el espectro de grises, dependiendo de la densidad del tejido atravesado. La imagen obtenida en la placa fotográfica equivale al espectro de densidades con los que ha interaccionado los rayos X.
Sin embargo la placa refleja únicamente 2 ejes, donde las densidades de distintos tejidos situados en el mismo eje del rayo se superponen. Por ello en toda radiografía del organismo es muy importante realizar al menos dos radiografías, una perpendicular a la otra. Cada una de ellas recibe el nombre de proyección y permiten observar la misma imagen desde distintos puntos de vista y obtener así una mayor información sobre ellos. Existen distintos tipos de proyecciones según la región a la que se realiza y lo que se pretenda investigar. Pueden ser de pie, sentados, tumbados, anteroposterior, posteroanterior, de lado, oblicuas, etc.
Las indicaciones de la radiografía son múltiples. No hay ningún síntoma torácico que no pueda ser examinado con una radiografía de tórax. Sin embargo parece que no son útiles los chequeos periódicos con RX de tórax.
La radiografía de abdomen puede estar indicada ante la presencia de síntomas derivados del aparato digestivo como dolor abdominal, vómitos, alteraciones en las deposiciones, así como alteraciones del aparato urinario como son los cálculos renales.
Las radiografías óseas ponen de relieve posibles fracturas, y luxaciones de las articulaciones.
Otra importante indicación es la observación de la evolución de una lesión diagnosticada previamente.
Existen múltiples utilidades y proyecciones que ponen de relieve afecciones de diversos órganos, como es la radiografía craneal para ver alteraciones óseas y ocupación de los senos paranasales.
En ocasiones se puede usar una sustancia que hace de contraste en la radiografía y nos permiten ver mejor algunas estructuras.
La única contraindicación absoluta supone el embarazo, dados los efectos teratógenos de los rayos X.
En el caso de emplear contrastes debe conocerse si el paciente es alérgico, y, en caso afirmativo, aunque la prueba radiológica no está contraindicada, la administración de contraste está absolutamente desaconsejada.
No se precisan indicaciones previas, salvo en aquellos casos en los que se vaya a manejar un contraste ya sea venoso o vía oral.
Cuando se vaya a realizar la prueba se debe desvestir el paciente en la región a examinar y eliminar joyas u otros objetos metálicos que pudieran distorsionar la imagen obtenida.
La postura a adoptar depende de la proyección a realizar. Las diferentes proyecciones precisarán de las instrucciones precisas del técnico de rayos X.
Esta prueba no precisa cuidados posteriores.
Los rayos X producen alteraciones irreversibles en las células, sobre todo en aquellas que están en continua división, pero a dosis altas también en el resto de las células del organismo. Las células que están más en división son las del embrión en desarrollo, sobre todo durante los primeros meses del embarazo. Por este motivo está totalmente contraindicado someter a una mujer embarazada a los rayos X.
La radiación que supone una radiografía es mínima y no implica prácticamente riesgo. Sin embargo aquellos profesionales que mantienen un continuo contacto con las radiaciones X deben tomar precauciones. Las radiaciones se acumulan de por vida, de tal forma que al cabo de años en contacto con radiaciones, la cantidad acumulada puede dar lugar a mutaciones celulares que desemboquen en un cáncer. Por ello los profesionales dedicados a los rayos X deben protegerse en cabinas forradas con plomo que evite el paso de los rayos, y presentan además un dosímetro que mide la radiación acumulada a lo largo de años.
En el caso de precisar un contraste puede presentarse una reacción alérgica a la sustancia administrada.
Última actualización: del 2006
Eric J.García Lamberechts. Médico Residente Medicina Interna. H.C.San Carlos.Madrid