Como antes hemos expuesto el anciano
presenta una serie de cambios fisiológicos (en la
masticación, deglución y gastrointestinales) y en el
ámbito psicológico (depresión) y económicos (menor
poder adquisitivo), que va a facilitar una peor
nutrición y el mantenimiento de un adecuado estado de
salud. Por lo tanto los profesionales sanitarios debemos
estar alerta en este grupo poblacional para detectar
precozmente trastornos en la nutrición. A
continuación exponemos una serie de medidas que van a
facilitar la alimentación y por lo tanto la nutrición
del anciano:
- Modificar la textura y
consistencia de los alimentos en función de los
problemas de masticación y deglución del
anciano. Individualizar la consistencia de la
dieta según los problemas de deglución, siendo
necesario una comida más blanda y consistencia
puré con espesantes en los líquidos en los
mayores con dificultad en la deglución.
- Suplementos nutricionales para
enriquecer la dieta: son preparados que aportan
proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y
minerales a la dieta.
- Dieta variada basada en el
modelo mediterráneo, es decir, elevado consumo
de verduras y frutas, con aporte importante de
fibra, vitamina C y carotenos, consumo de
aceites vegetales, sobre todo el de oliva,
elevado consumo de pescados, suficiente ingesta
de leche y lácteos, que van a contribuir al
aporte de calcio y proteínas, moderado consumo
de alcohol y azúcares, limitado consumo de sal
y aceptable exposición al sol para asegurar el
aporte de vitamina D.
- Control periódico del peso y
práctica habitual de ejercicio físico.