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Nutrición y Salud

Nutrición en las distintas etapas de la vida

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Recomendaciones nutricionales en el embarazo

Es a partir de la segunda mitad del embarazo cuando aumentan de forma significativa las necesidades de energía y nutrientes de la gestante, coincidiendo con el mayor desarrollo de feto y placenta, y con el mayor aumento de peso de la mujer.

Las necesidades de energía aumentan unas 250 Kcal./día en esta etapa, que se añaden a las necesidades específicas de cada mujer, en función de su peso, edad y actividad física. Aproximadamente esta cantidad supone un 14% más de lo que habitualmente ingiere la mujer

Sin embargo, en proporción, aumentan más las necesidades de muchos nutrientes que las de energía: muchas vitaminas y minerales deben aumentar más de un 20% respecto a lo que toma una mujer no embarazada, y algunas, como el ácido fólico o el hierro, en más de un 50%. Esto significa que no es suficiente con un simple aumento en el tamaño de las raciones de alimentos que consuma la mujer, sino que debe modificar sus hábitos alimentarios y seleccionar adecuadamente los alimentos a consumir.

La suplementación con vitaminas y minerales es habitual durante la gestación. Sin embargo, excepto en casos de alto riesgo, la mujer gestante puede cubrir sus recomendaciones con una dieta adecuada, en la que se seleccionen alimentos con alto contenido en nutrientes.

Alguno de los nutrientes que se deben vigilar especialmente en esta etapa son:
  • Ácido fólico.- La deficiencia de esta vitamina puede producir en la mujer gestante anemia megaloblástica, que es una anemia caracterizada por el gran tamaño de los glóbulos rojos. Pero además, la deficiencia en esta vitamina en las primera semanas de la gestación (especialmente en las diez primeras semanas) se asocia con el desarrollo de malformaciones congénitas del tubo neural en el feto, como espina bífida, y otros defectos cardiacos, urinarios, labio leporino, etc. Esto hace que sea especialmente importante vigilar el aporte adecuado de esta vitamina desde el momento en el que se planifique el embarazo y durante toda la época fértil de la mujer. Los vegetales de hoja verde son los alimentos con mayor contenido en esta vitamina y por lo tanto, deben incluirse de forma habitual en la dieta de la mujer gestante.
  • Hierro.- Es imprescindible aumentar el aporte de hierro para evitar que se produzcan situaciones de anemia. La anemia durante la época de gestación se relaciona con una mayor incidencia de bajo peso del recién nacido, defectos congénitos y mortalidad infantil, respecto a madres no anémicas. Es difícil aportar cantidades elevadas de este mineral, especialmente en el caso de mujeres que llegan al embarazo con los almacenes de hierro bajos o agotados, por lo que en muchos casos se recurre a la suplementación en este mineral desde el segundo trimestre de embarazo.
  • Calcio.- Las necesidades de calcio aumentan para garantizar la formación del esqueleto del feto. Si no se aporta adecuadamente, el esqueleto materno puede desmineralizarse. Esto tiene más importancia en el caso de madres jóvenes, que aún no han adquirido su pico de masa ósea. Además se ha observado que el riesgo de preeclampsia aumenta en las mujeres que toman menos calcio.
  • Omega-3.- La embarazada debe cuidar especialmente el tipo de grasa que consume, limitando el consumo de grasas saturadas. Es especialmente importante el aporte de ácidos grasos esenciales. En concreto, el ácido docosahexaenoico (DHA) es fundamental para la formación del sistema nervioso del feto, por lo que incluir pescado en la dieta de la mujer gestante puede ser una pauta sencilla para asegurar el aporte de estos ácidos grasos.

Última actualización: del 2008

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Ana María López-Sobaler
Profesora titular del Departamento de Nutrición. 
Facultad de Farmacia.
Universidad Complutense de Madrid
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.



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