La frase pensar con los pies se utiliza cuándo hacemos referencia a algo que se ha hecho con poca premeditación o que sencillamente no se ajusta a la lógica o al sentido común. Sin embargo cuando reflexionamos acerca de la atención o el cuidado que prestamos a la salud de nuestros pies, la frase se torna paradójica. Y es que normalmente hacemos poco o nulo caso a nuestros pies. Los maltratamos con el calzado, no nos ocupamos de ellos en las revisiones médicas periódicas, ni siquiera reciben un cuidado estético o cosmético adecuado, en definitiva son los grandes olvidados de nuestro cuerpo y por ende de nuestra salud. A menudo en diferentes entrevistas en radio o televisión los he definido como el tercer mundo del cuerpo humano, y es que realmente sabemos que existen, pero a nadie le interesa que pasa con ellos y cómo podemos ayudarlos. Siguiendo con la analogía, me gustaría que como mínimo seamos capaces de mostrarles el 0,7 del cuidado que ofrecemos al resto de nuestro cuerpo y al de nuestra salud en general.
El pie, a pesar de encontrarse en la zona más lejana de nuestro cuerpo, cumple con importantes funciones que en ocasiones olvidamos. Es un órgano complejo formado por 26 huesos, 33 articulaciones y 107 ligamentos. Es una gran obra 'arquitectónica' que nos ayuda a movernos de un lado a otro. Los pies van a dar estabilidad a todo el aparato locomotor durante la marcha, soportando de media 11 Kg. por cada 2,5 cm 2, y más de 18 toneladas de peso en un día.

El olvido del cuidado de los pies comienza en la infancia. En la etapa de crecimiento infantil va a ser importante saber diferenciar si los pies de nuestros niños padecen alguna deformidad, o están sanos, ya que será en este momento cuando se podrá corregir mediante un tratamiento conservador, las posibles alteraciones, evitando problemas en etapas tardías que ya no tendrán una solución definitiva.
Durante la infancia los problemas más frecuentes que podemos encontrarnos son las alteraciones en la forma del pie o en la posición del mismo. Destacan entre ellas por su alta frecuencia el pie plano, los pies o piernas metidos hacia dentro y en menor proporción en pie cavo.
La mayoría de los niños van a tener una tendencia a meter los pies hacia adentro y por lo tanto a presentar una huella plana. Esta situación que es fisiológica en los primeros meses de vida, debe vigilarse durante el crecimiento para evitar que el pie se fije en esta posición. Es muy importante en esta etapa acudir al podólogo para asegurarnos que el pie del niño está sano y elegir adecuadamente el calzado infantil.
En la etapa preandante y gateo no deberá ponerse calzado que impida el desarrollo normal. Es recomendable el uso de botitas de lana vigilando cada mes el cambio de tamaño.
La elección del calzado de los niños será importante ya que derivado de un zapato inapropiado se pueden desencadenar deformidades. No olvidemos que en la edad infantil el pie se esta formando y que cualquier agresión del calzado sobre el pie puede ser perjudicial. Por ello 'no debemos comprar los zapatos de los niños ni con sus ojos ni con los de los padres, sino con la cabeza'. El calzado deberá ajustarse perfectamente al número del niño. Tan malo será que el niño lleve el calzado pequeño como grande. Por ello será necesario hacer una mediación del pie del niño en longitud con el niño de pie. El zapato infantil debe ser a flexible y rígido a la vez. Flexible en las zonas de flexión de la planta del pie para facilitar la marcha del niño, y rígido en el contrafuerte y con resistencia a la torsión para evitar fijar malas posiciones o deformidades futuras.
Esas deformidades futuras se van a presentar ya en la edad adulta. Y no es que no existan con anterioridad o que se comporten como el 'Guadiana', que aparecen y desaparecen, es que sencillamente pasan desapercibidas por que en un principio no molestan.
Los primeros síntomas que suelen aparecer en un pie que funciona mal, son el dolor y la fatiga precoz. Es decir los pies nos duelen y se nos casan al estar un cierto tiempo de pie o andando. El problema es que culturalmente estamos acostumbrados a que los pies tienen que dolor por que sí. Frases como: 'Es normal hombre, si llevas todo el día de pie… como no te van a doler los pies', justifican lo que es en general el síntoma de alarma del cuerpo humano de que algo no funciona bien: el dolor.
Este dolor se ve agudizado por la presencia a veces de los conocidos callos. Los callos o durezas son engrosamientos de la piel, que se localizan en zonas de roce o de apoyo, y que crecen provocando dolor por el efecto de enclavamiento de cuerpo extraño. Es decir nos duelen como si algo ajeno a nuestros pies se nos clavara.

La labor del Podólogo en la eliminación de los callos y durezas es bien conocida por los sufridores de estas dolencias, pero conviene explicar que el eliminar un callo no es un tratamiento 'per sé', si no que existe una causa que lo forma, que es la que hay que tratar. A menudo es una deformidad de un dedo del pie que roza con el zapato, otras veces es un mal apoyo en el pie. No debemos conformarnos con quitar el callo sino tratar la causa mediante el uso de una plantilla ortopédica que normalice el apoyo o bien eligiendo adecuadamente el zapato a las dimensiones de nuestro pie.
Un tema que merece atención especial son los pies de nuestros mayores. La edad va a afectar naturalmente a todas las estructuras y partes del cuerpo, lo que no significa que la persona mayor tenga una enfermedad en el más sentido estricto de la palabra, sino que se enfrenta a un proceso fisiológico normal.
A partir de los 35-40 años los huesos, en mayor o menor medida y dependiendo de muchos factores (alimenticios, actividad física, genética, ingesta de medicamentos, etc.) van a empezar a perder densidad, lo que provocará en el futuro una posible osteoporosis, que es la pérdida de masa ósea por falta de fijación del calcio. Afecta principalmente a mujeres y se manifiesta a partir de la menopausia mediante deformidades.
La estructura de todo el aparato locomotor también se afecta. Los discos intervertebrales tienden al aplanamiento, la columna aumenta su cifosis, provocando un adelantamiento del plano vertical del cuerpo. El centro de gravedad baja y las caderas, rodillas y tobillos se deforman en flexión. Se producen inclinaciones laterales de la columna alterándose del todo el esquema corporal, oscilación al caminar, alteración del equilibrio, etc.
Es evidente que los músculos van perdiendo fuerza debido a la disminución de la masa muscular. Los tendones van a perder elasticidad y por tanto la capacidad de ayuda al movimiento muscular. Además, si unimos que las articulaciones pierden líquido sinovial que tiene función de lubricar, y que por tanto se va a producir la tan frecuente artrosis o proceso degenerativo de la articulación, serán todos estos factores los responsables de la limitación de la movilidad articular y del dolor.
Debido a la osteoporosis, los huesos del pie responsables de soportar las fuerzas y por la perdida de elasticidad de los ligamentos se va a producir una derrumbamiento de la bóveda plantar, apareciendo una huella aplanada. El tejido se atrofia quedando las estructuras óseas sin apenas protección y dando lugar a la aparición de dolor en talón y en la zona plantar bajo los metatarsianos.
Es importantísimo es esta etapa de la vida elegir de forma adecuada también el calzado. El calzado tiene que ser seguro y con un buen ajuste que evite caídas y la pérdida de estabilidad y equilibrio. La suela ser antideslizante y con capacidad de agarrarse bien al piso. No será conveniente que sea muy fina ya que con su grosor suplimos la pérdida de almohadilla grasa plantar. A su vez tiene que ser de materiales blandos y flexibles que transpiren y protejan tanto del frío como del calor. El forro por dentro no debe llevar costuras para evitar rozaduras o heridas, que por la mala circulación pueden provocar lesiones crónicas.
Deberán ser fáciles de poner y quitar ya que en ocasiones no todas las personas mayores tienen ayuda o asistencia. No deberán llevar tacón mayor de 2,5-3 cm y la puntera deberá ser alta para poder albergar los dedos, ya que como hemos explicado suelen padecer deformidades que les hacen más susceptibles de roces y formación de callos en el dorso del dedo.
Han de ser lo suficientemente amplios como para evitar excesiva presión pero no demasiado holgados para evitar rozaduras. El contrafuerte deberá ser rígido y que se ajuste perfectamente al talón.
Es recomendable llevar siempre medias o calcetines y mejor de algodón, sin costuras y no demasiado ajustados.
Los pies culturalmente han sufrido un abandono histórico. Siempre asociados al uso del calzado, éste ha sido la única atención que con frecuencia se les ha venido prestando, y es que volviendo al refranero español, 'solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena'. De los cientos de pacientes que he visto en consulta, no recuerdo a nadie que en ese momento no me haya hecho la referencia a la importancia de la salud de los pies, 'son el cimiento de nuestro cuerpo, “nos soportan el peso del cuerpo todo el día', y otras muchas frases que siempre he pensado que a modo de arrepentimiento los pacientes nos trasmiten en el relato de su sufrimiento. Sin embargo la mayoría de los problemas que llevan a los pacientes a una consulta de podología, tienen un tiempo de padecimiento muy largo, es decir el paciente los viene sufriendo desde hace muchísimo tiempo, y con demasiada frecuencia se acude a la consulta demasiado tarde, cuando ya la solución es más difícil o incompleta.
Espero que estas líneas te ayuden a no ser uno más de los que abandonan sus pies, e incluso los olvidan.
Última actualización: del 2007
Prof. José Luis Lázaro Martínez