El tratamiento del paciente anciano con dolor es complejo. En primer lugar la mayoría de estos pacientes están tomando varios medicamentos, lo que incrementa el número de interacciones farmacológicas. Existe un mayor riesgo de incumplimiento del tratamiento. Los fármacos usados para el control del dolor ocasionan efectos secundarios que predisponen a las caídas y fracturas. Asimismo los medicamentos en el anciano tienen una distinta absorción y efecto que en los jóvenes.
Decálogo de prescripción de medicamentos en el anciano
Se emplean los analgésicos de acuerdo con la intensidad del dolor.
En primer lugar se utilizan los fármacos llamados antiinflamatorios no esteroideos:
Efectos adversos de estos medicamentos: aumentan el riesgo de úlcera péptica por lo que en pacientes con riesgo es recomendable usarlos asociados a protección gástrica.
Hay que monitorizar la función renal que en ocasiones se ve deteriorada al usar estos fármacos. Producen igualmente riesgo de convulsiones.
Este grupo farmacológico contribuye a descontrolar la hipertensión arterial.
Por su acción sobre la tensión arterial y la función renal los antiinflamatorios son en ocasiones desencadenantes de la insuficiencia cardiaca.
En segundo lugar se utilizan los opiáceos menores:
Se usan como segundo escalón terapéutico cuando los antiinflamatorios ya no controlan el dolor. El más empleado es el tramadol en dosis de 50mg cada 8 horas. Existe riesgo pequeño de depresión respiratoria. No ocasiona daño renal ni úlcera gastro-duodenal. La codeína pertenece a este grupo pero se desaconseja su uso en ancianos aunque siempre hay que individualizar cada caso.
En tercer lugar se emplean los opiáceos mayores:
Los efectos secundarios más frecuentes presentes ante el uso de opiáceos son el estreñimiento, la tolerancia (cada vez es necesario administrar mayor dosis para alcanzar el mismo resultado), ideas delirantes y alucinaciones, y depresión respiratoria.
Cualquier ejercicio que ayude al anciano a mantener su fuerza muscular y resistencia van a contribuir a la existencia de un menos dolor, disminuyendo la necesidad de analgésicos y mejorando la calidad de vida del individuo.
Los tratamientos no farmacológicos del dolor cobran en el anciano una especial importancia. Estas técnicas al igual que los fármacos deben prescribirse de forma individualizada y teniendo en cuenta que en algunos casos pueden ser perjudiciales. Desde hace siglos se han usado estas técnicas para el alivio del dolor pero no está demostrada científicamente su eficacia.
La movilidad es necesaria para la correcta nutrición del cartílago y por lo tanto contribuirá a disminuir la osteoartrosis y la debilidad, atrofia muscular derivados de esta enfermedad.
Otras formas de tratamiento no farmacológico:
Existen múltiples técnicas coadyuvantes que colaboran en el control del dolor. La termoterapia (compaginar exposiciones al calor y al frío), electroterapia (manejo de la corriente eléctrica para provocar calor profundo que tiene propiedades analgésicas), hidroterapia (aplicación del agua aprovechando sus efectos mecánicos y térmicos), higiene postural (que el individuo aprenda a realizar lo más correctamente los movimientos que debe efectuar en su vida diaria para prevenir posiciones o movimientos viciosos que aumentarían el dolor), masajes, tracciones, magnetoterapia o láser.
Por último es importante en el manejo del dolor como ya hemos referido anteriormente una valoración psicológica a través de la que nos hagamos una idea del sufrimiento mental que sobre el enfermo provoca el dolor y el alivio de la misma, ya sea farmacologicamente o con psicoterapia.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.