Los traumatismos normalmente se tratan de manera urgente, pues suelen tener signos agudos claros e ir ligados a situaciones aparatosas y estresantes (caídas, accidentes de tráfico). Pero no sólo presenta interés el cuadro agudo de los traumatismos, sino también sus consecuencias a medio y largo plazo. Por ello es muy importante el seguimiento por parte de un profesional.
Los pacientes con traumatismos son cuidadosamente explorados por el dentista, que además suele tomar siempre unos registros iniciales (radiografías entre ellos) para poder observar después la evolución. Siempre serán necesarios controles después de los traumatismos.
Los tejidos blandos deben ser tratados con gran cuidado. Posiblemente sea necesaria alguna sutura cuando la herida sea profunda. Si se han producido heridas intrabucales pequeñas, éstas se solucionarán espontáneamente: realizar enjuagues con agua de sal o de manzanilla varias veces al día durante unos días ayudará a su pronta recuperación.
Los huesos también pueden sufrir roturas. Las fracturas a nivel de huesos maxilares más frecuentes son la fractura a nivel alveolar y la fractura a nivel de cuello condilar de la mandíbula. Las roturas alveolares (generalmente luxaciones laterales) pueden recuperarse con tratamiento de los dientes afectados. Las fracturas óseas a otros niveles deben ser tratadas hospitalariamente por cirujanos maxilofaciales.
Veamos los tratamientos para las lesiones traumáticas de los dientes permanentes:
Si la fractura no complicada afecta a la dentina, puede ser conveniente aplicar algún material protector de la pulpa, además del composite (u otro material) restaurador.
En algunos casos, el propio fragmento de diente puede servir como material restaurador, que se pega al diente fracturado por métodos adhesivos odontológicos.
Si la fractura es complicada (se expone la pulpa) existen varias posibilidades de tratamiento según el grado de afectación pulpar, el tiempo que se ha tardado en tratar el diente y la edad del niño (el desarrollo del diente). Se realizará un determinado tratamiento de la pulpa (recubrimiento, pulpotomía quitar parte de la pulpa-, pulpectomía extirpar toda la pulpa-) y después el tratamiento restaurador.
Si la zona más profunda del margen de la fractura no está muy por debajo del nivel de la encía, puede realizarse un descubrimiento de esta zona con una pequeña cirugía. Y después se realizará tratamiento de la pulpa (endodoncia) y se puede intentar aprovechar el fragmento dentario coronal (tratado también endodóncicamente) para ser adherido al fragmento radicular.
Cuando los márgenes de la fractura quedan bastante profundos, no se suele aprovechar el fragmento coronario (al menos de manera definitiva). Lo que se busca en estos casos es que el fragmento radicular salga un poco hacia fuera del alveolo dentario, para poder ver los márgenes de la fractura y trabajar sobre ellos. Esa erupción del fragmento coronario puede realizarse mediante tracción con aparatología ortodóncica (se requiere tiempo, pues es un movimiento progresivo) o de forma inmediata (recolocación quirúrgica).
Las fracturas verticales tienen un pronóstico bastante peor. Si la fractura se sitúa en la furca o en una raíz de un diente de más de una raíz, puede intentarse dividir al diente en dos o extirpar la raíz afectada, respectivamente. Serán también necesarios en estos casos tratamiento pulpar (de las raíces) y tratamiento restaurador (en las coronas). En otros supuestos, como los dientes unirradiculares, el tratamiento es la exodoncia.
En las luxaciones intrusivas conviene esperar la erupción espontánea del diente que ha quedado impactado en el alveolo. Si este no erupciona, deberá tirarse de él mediante tracción lenta (ortodoncia) o inmediata (cirugía).
En las luxaciones suele ser necesario tratamiento pulpar, sobre todo en dientes con el ápice de la raíz ya formado en el momento del traumatismo.
En muchos de estos dientes será necesario el tratamiento pulpar, pero algunos (cuando el diente es tan joven que no ha terminado la formación de su raíz, el diente se reimplanta con rapidez y no se contamina ni se deseca) pueden tener una reimplantación correcta.
Si un diente definitivo sufre avulsión debe ser reimplantado inmediatamente. Si no se ha podido hacer así, debe acudirse lo antes posible al dentista, llevando también el diente. El tiempo en acudir al dentista debe ser mínimo (menor de una hora a ser posible). El diente debe cogerse por la corona, no por la raíz, y no debe restregarse si se ve que está sucio (en este caso se limpiará sumergiéndolo en algún líquido o con líquido a presión, pero sin frotar). El transporte hasta la consulta del dentista debe hacerse en un medio húmedo, de mejor a peor: solución salina balanceada de Hank, leche, suero fisiológico, saliva (dentro de la boca, por ejemplo debajo de la lengua), o agua.
No olvidar, ante cualquier traumatismo, mantener la calma en lo posible, no abandonar el diente si se ha caído (sobre todo si es un diente definitivo), y acudir cuanto antes al dentista y a posteriores revisiones.
Última actualización: del 2006
Dr. Juan Pedro Moreno Fuxá