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Síndrome de inmovilidad

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Valoración clínica

Es fundamental intentar determinar las causas que están originando la disminución de la movilidad.

Historia clínica

Se realizará una historia clínica detallada, debiendo recurrir con frecuencia a familiares y cuidadores, para completar los distintos datos referentes a:

  • Situación funcional del paciente: Cuantas actividades básicas realiza, como camina, si necesitan ayudas técnicas, si realizaba ejercicio físico previamente.
  • Datos sobre la forma de aparición y grado de la inmovilidad: Desde cuando está inmovilizado y la repercusión sobre su autonomía; el impacto que tiene en las actividades que realiza medido a través de distintas escalas (Lawton, Barthel).
  • Historia farmacológica: Motivo, duración y dosis de los fármacos que ha tomado, haciendo especial hincapié sobre aquellos que pueden alterar la movilidad, como por ejemplo, son los antihipertensivos y los psicofármacos, entre otros.
  • Búsqueda de posibles factores de riesgo para la inmovilidad, Como la presencia de enfermedades crónicas, estado mental y nutricional deficitario, probable déficit visual o auditivos, historia previa de caídas o fracturas y, sobre todo, es muy importante preguntar sobre posibles ingresos hospitalarios recientes.
  • Situación psico-social: Nivel educativo y socioeconómico del paciente, así como averiguar datos sobre su entorno social y familiar, ya que estos factores pueden condicionar o agravar un problema de movilidad. Especial atención a la existencia de depresión o temor a la caída, que podrían dificultar la recuperación funcional del anciano.
  • Y por último, no se debe olvidar evaluar las condiciones ambientales, buscando posibles barreras arquitectónicas en el hogar: tipo de suelo e iluminación de la casa, características del baño y la cocina, las posibilidades de tener acceso a ayudas técnicas (bastón, andador)
Exploración física general

Tras recoger todos estos datos se realizará una exploración física general y completa al paciente, prestando especial interés a los sistemas cardiorrespiratorio, músculo esquelético y nervioso. Se debe tomar la tensión arterial y la frecuencia cardiaca, así como medir el rango de movilidad activa y pasiva de las articulaciones. También es importante evaluar el tono y la fuerza muscular, y detectar posibles contracciones o deformidades. Es necesario examinar cuidadosamente la piel del anciano en busca de alguna posible úlcera incipiente o ya desarrollada, y no se debe olvidar buscar la existencia de una probable patología podológica o ungueal.

La exploración física se completa con una valoración afectiva y de la función mental, y con una exploración en busca de posibles deficiencias visuales o auditivas.

Exploración de la movilidad

Por último, pasaremos a la exploración de la movilidad, que va a comprender:

  • Examinar la movilidad en la cama y la capacidad de girar y de incorporarse a la posición de sentado.
  • Se evaluará la realización de las transferencias de la cama a la silla, y al baño.
  • Debe reflejarse si el paciente realiza los cambios posturales y es capaz de desplazarse de manera independiente, con vigilancia, o con ayuda escasa o importante.
  • En cuanto a la marcha y el equilibrio, se valora como se levanta de una silla, como inicia y mantiene la marcha, como gira, su capacidad para subir escalones.

Es importante reflejar que la evaluación de la movilidad del paciente es un proceso continuo, dado que habrá de valorarse y revalorarse de manera progresiva, para observar progresos en el tratamiento rehabilitador.

Última actualización: del 2006

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Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.
Mónica Ruiz Ruiz. Medico Residente de Geriatría H. C. San Carlos. Madrid .
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.

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