Este epígrafe se dedica a subrayar la importancia de la lactancia materna y su mayor idoneidad en la alimentación del lactante, respecto a la lactancia artificial. Para ello, nada mejor que transcribir algunas de las conclusiones de la 55ª Asamblea Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS):
"La lactancia natural es una forma sin parangón de proporcionar un alimento ideal para el crecimiento y el desarrollo sanos de los lactantes; también es parte integrante del proceso reproductivo, con repercusiones importantes en la salud de las madres. Como recomendación de salud pública mundial, durante los primeros 6 meses de vida los lactantes deberáan ser alimentados exclusivamente con leche materna para lograr un crecimiento, un desarrollo y una salud óptimos. (...) Aunque es un acto natural, la lactancia es también un comportamiento aprendido."
La lactancia materna trae consigo ventajas para el niño, la madre y la sociedad, ventajas no presentes si se opta por la lactancia artificial.
Permite un correcto aporte de nutrientes y una adecuada hidratación. La leche materna presenta una proporción de proteínas tal, que mejora su digestibilidad respecto a la leche artificial. Además posee ácidos grasos de cadena larga (LC-PUFA) que son un importante componente de las membranas de neuronas y de células de la retina. El hierro de la leche natural se absorbe mejor y la proporción calcio/fósforo es más adecuada que en la leche artificial.
Transmisión de sustancias y células protectoras frente a infecciones: anticuerpos, inmunoglobulinas , proteínas, linfocitos y macrófagos (éstos dos últimos son dos tipos de células del sistema inmunitario). Gracias a todo esto, los lactantes alimentados al pecho, presentan menos infecciones: Diarrea, otitis media, catarro, neumonía, meningitis y bacteriemia (infección de la sangre). Además logran una mejor flora intestinal e inmunidad frente al bacilo de la tuberculosis.
Reducción del número de enfermedades alérgicas e inmunitarias: intolerancia-alergia a la leche de vaca, asma, eccema atópico, diabetes, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn.
Menor padecimiento de enfermedades crónicas en la edad adulta: obesidad, arterioesclerosis e infarto de miocardio.
Protección frente a la enterocolitis necrotizante y la muerte súbita.
Disponibilidad e higiene: la leche materna no requiere preparación, ni manipulación, por ello no se contamina y se aporta fresca y a temperatura ideal al lactante.
Desde el punto de vista afectivo, fomenta la relación materno-filial.
Menor riesgo de hipertensión, anemia y depresión postparto.
Pérdida de peso y regresión del útero a su tamaño inicial más rápidas.
Menor frecuencia, a largo plazo, de osteoporosis y tumores de mama y de ovario.
Establecimiento de un vínculo madre-hijo más estrecho.
Menor morbilidad (enfermedad) en niños amamantados, lo que supone menos gasto para la sociedad (en medicinas y dispositivos sanitarios y por el absentismo laboral de los padres)
Menor gasto para las familias, puesto que no se ven obligados a comprar la leche, recipientes especiales para administrarla o conservarla, etc...